lunes, 12 de noviembre de 2007

Hoy recorro

algunas calles madrileñas con la excusa de encontrar un viejo comercio. No lo encuentro y no doy por perdido el viaje. Me gusta deambular por calles que ya conozco y comprobar en qué han cambiado: siempre me sorprenden. Resuenan en mis oídos unas palabras que he escuchado en estos días: "Paz, piedad, perdón". Las dijo Azaña en 1938. Son conocidas, pero parecen nuevas. Me acompañan en mi corto viaje y las recorro al revés: "Perdón, piedad... Y paz". Cada vez me gusta más esta palabra que de niña consideraba antigua: piedad. Lo mío es una lucha entre lo profundo y lo banal, entre la novedad y la austeridad. Recorro calles y recorro palabras. De todo ello sólo retengo esto último: piedad. Por ti, por mí. Para ti, para mí.

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