jueves, 15 de noviembre de 2007

Como Coetze

me pregunto: "¿Será posible que exista una explicación para todas las cosas que hago, y que esa explicación se encuentre en mi interior, como una llave que tintinea dentro de un bote, a la espera de que alguien la extraiga y la utilice para descerrajar el misterio?"(tomado de En medio de ninguna parte)
Las preguntas más ambiciosas son a menudo las más difíciles de responder. No caeré en la tentación de contestar al premio Nobel. Tampoco puedo hoy bucear demasiado en mi interior. El exterior me apremia, de varios modos. Me asalta hoy una frase que escuché en una tertulia: mujeres cineastas, o políticas, o profesionales cualificadas reivindican hacer películas "aunque sean tan malas como las que hacen los hombres", o alcanzar escaños o puestos de nivel no por ser excepcionales sino por ser, en todo caso, igual de mediocres que sus colegas masculinos. Una provocación, sí, y a la vez una gran verdad. Pero, ¿creéis que los que ahora os niegan el pan y la sal sabiendo que sois excelentes profesionales os van a facilitar las cosas con provocaciones tan sutiles? No os engañeis. Hay hombres y directivos (que con frecuencia son hombres también, claro) que saben que el mundo no les pertenece en exclusiva y que por tanto lo comparten, pero también hay empresarios y responsables de recursos humanos incapaces de reparar en las grandes mujeres que trabajan para ellos. Son invisibles. No cuentan a la hora de los ascensos y promociones. Estáis en vuestro derecho de pedir lo obvio, pero algunos no van a entender vuestra ironía.

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