viernes, 19 de febrero de 2016

Cincuenta años ya del Diccionario de Uso del Español, conocido como "el María Moliner"

Cincuenta años ya. María Moliner publicó el primer tomo de los dos volúmenes de que consta su Diccionario en 1966. El segundo en 1967. La  lexicógrafa tardó unos quince años en terminar su gran obra. Un Diccionario de Uso del español (DUE) que define de nueva planta las entradas más obsoletas del DRAE, el diccionario normativo. Nunca se le agradecerá lo bastante a María Moliner esta obra titánica realizada en solitario y, en los años finales, con la ayuda de unas pocas colaboradoras que realizaron tareas auxiliares o de revisión de lo avanzado.
Los periódicos regionales del grupo Vocento se han hecho eco el 17 de febrero de este aniversario y han publicado un reportaje sobre María Moliner firmado por Inés Gallastegui con un título que alude al número de entradas del DUE:



http://www.ideal.es/sociedad/201602/20/mujer-palabras-20160218104115.html





En el texto se menciona mi biografía sobre la lexicógrafa, "El exilio interior: la vida de María Moliner"(Turner, edición impresa y digital) y se alude a la conversación que mantuvo la autora del reportaje con quien esto escribe. Bienvenido sea este reportaje. Es de justicia reconocer -seguir reconociendo- la figura de Moliner, aunque por fortuna ya no sea esa desconocida que era hasta hace pocos años. Hay dos frases de María Moliner recogidas en el reportaje que pueden sorprender al lector si se abstraen de la personalidad de la lexicógrafa: una mujer de gran ambición intelectual pero al mismo tiempo discreta y educada para no destacar. Una aparente contradicción que ya hace vislumbrar la complejidad de la  personalidad de María Moliner. En un destacado del reportaje se cita su reacción al saber que no había entrado en la RAE, como si en el fondo se alegrara: "¿Qué podría decir yo si en toda mi vida no he hecho más que coser calcetines?" Se trata de una frase que solo se puede entender desde la ironía o la retranca. O bien Moliner estaba contestando a algún comentario concreto que había escuchado esos días o no se comprende ese ataque de humildad. No era cierto, además: era bibliotecaria por oposición y había tenido puestos de responsabilidad antes de la llegada al poder de Franco. Era la autora de una gran Diccionario...Tenía ayuda doméstica en casa...Sí, había cosido los calcetines de sus hijos, como muchas madres de la época -una imagen muy de posguerra-, pero reducirlo a eso no tenía sentido. A no ser que se escudara en esa frase para insinuar que a ella la Real Academia ni le iba ni le venía, que pasaba de sus pompas porque seguía siendo ella misma. Para algunos solo una mujer recoleta, tal vez un ama de casa...Para los que sabían, una investigadora rigurosa, una estudiosa de las palabras. Lo que está claro es que María Moliner encontró dos escollos para entrar en la RAE: a) era una "intrusa", ya que había emprendido la renovación del DRAE por su cuenta y riesgo, y ella sola; b) era mujer, y hasta entonces (véase el rechazo a Gertrudis Gómez de Avellaneda y a Emilia Pardo Bazán) su ingreso estaba vetado (por principio) y de facto, aunque esto último estaba a punto de cambiar.
Sinceramente, creo que a María Moliner sí le hizo ilusión que un grupo de académicos liderados por su fiel amigo Rafael Lapesa promoviera su candidatura, aunque supusiera un revuelo en su vida y le obligara a hacer campaña, algo que no iba mucho con ella. Que no la eligieran fue una decepción, sin duda. Pero en seguida lo superó, lo archivó y lo olvidó. María Moliner tenía una capacidad de resistencia automática. Lo que no alcanzaba lo dejaba marchar.
Otra frase de Moliner muy repetida que se interpreta de forma equívoca es su afirmación, al presentar su candidatura a la RAE: "Mi obra es, limpiamente, el Diccionario". Y tanto. ¿Qué más se podía añadir a una obra monumental como el DUE? La frase no hay que entenderla esta vez como una expresión de modestia, sino como una verdad sin adornos. El Diccionario era su orgullo. Otros candidatos tal vez presentaron un largo currículo y listado de méritos. Ella también los tenía. Pero si se trataba de entrar en la Real Academia, ¿había algo más importante que poner sobre la mesa un Diccionario? De hecho la lexicógrafa también comenta en una entrevista que si se hubiera tratado de que entrara en la RAE un filósofo ella se habrá echado a un lado, pero si el autor del Diccionario hubiera sido un hombre, se habría  preguntado: "Y ese hombre, ¿cómo es que que no está en la Academia?"





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