jueves, 2 de abril de 2009

Amistad y literatura


Difícil bimonio. Pero cuando se da, es un privilegio.
No siempre es posible, ya que se filtra la competitividad, y ya no digamos el ego. Pero al calor de la litertura también se dan encuentros para literarios en los que la relación humana fluye y converge o no en la obra literaria de ambos autores. A veces más que amistades personales en estricto sentido lo que se da en confluencias generacionales: los escritores de los cincuenta, los novísimos... Y en ese contexto surgen amistades y pandillas literarias auténticas.
Capítulo aparte son las admiraciones literarias en lontananza, sin amistad por medio. Por ejemplo, Mercè Rodoreda admiraba a Rosa Chacel y a Katherine Mandsfield; María Zambrano admiró en su juventud a la también orteguiana Rosa Chacel. Y a la vez fue amiga de Concha Méndez y ésta de Cernuda. Son relaciones ricas, intensas, y a veces también ligeras, como la lluvia fina, pero inevitablemente persistentes.

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