Fue mucho más que la musa de la Transición. Fue un "animal político", y es desde ese lugar donde debe de ser analizada y estudiada.Porque, al margen de su personalidad impactante y sus avatares personales, hizo historia, contribuyó a traer la democracia -al menos a que fuera plena, al apoyar la legalización de todos los partidos, también el PCE- y posteriormente fue eurodiputadas durante varias legislaturas. Años en los que trabajaba con sus papeles incluso los fines de semana. Y cuando alguno de sus muchos amigos -muy diversos entre sí- le llamaba para ver cómo estaba, Díez de Rivera podía soltarle un discurso sobre ecología o feminismo o desigualdades, depende de lo que tuviera entre manos en ese momento.
Voy a adjuntar el enlace del documental que emitió TVE el pasado domingo y que puede verse en este video. Un documental centrado en su vida y en su enfermedad y también en su trayectoria política: directora del Gabinete de Suárez, con ideas propias (tras iniciarse en la USDE de Ridruejo, militó en el partido de Tierno Galván) y no se integró inicialmente en el PSOE. Más tarde, se presentó como eurodiputada del CDS de Suárez -a quien respetaba mucho, aunque ella fuera por delante en progresismo- pero abandonó el grupo por discrepancias políticas y acabó en el PSOE, donde, repitió hasta el final como europarlamentaria, y donde siguió siendo, ante todo, ella misma.
No estaría mal recopilar todo lo que estudió, defendió y votó en el Parlamento europeo.
Evoco también a la ya desaparecida profesora Elena Catena -profesora de Carmen en la Universidad- que la acompañó en sus últimos días junto a otros muy pocos amigos, como se evoca en el documental. Una reconstrucción del personaje que no ha hecho más que empezar.
http://www.rtve.es/alacarta/videos/el-documental/documental-2-quiero-ser-libre/2684754/
martes, 29 de julio de 2014
Los silencios de Carmen Laforet
De vez en cuando reaparece Carmen Laforet. Del pasado, del olvido, de la posteridad. Nada se sigue reeditando por todo el mundo, pero aun así, da la impresión de que su autora no existe. Murió, antes de morir, y no es lo bastante recordada. Hoy traigo aquí un texto que escribí hace años en la revista CLARÍN bajo el título El silencio roto de Carmen Laforet. Aunque en realidad, quien rompía silencio era su hija Cristina Cerezales al publicar Música blanca, textos e imágenes en torno a la muerte de su madre y los recuerdos y reflexiones que concitaron en ella su ausencia.
http://www.revistaclarin.com/1017/el-silencio-roto-de-carmen-laforet/
http://www.revistaclarin.com/1017/el-silencio-roto-de-carmen-laforet/
sábado, 19 de julio de 2014
Republicanas (de la Segunda República) y burguesas
Acaba de aparecer, aunque sea verano, la edición digital de Las republicanas "burguesas", un conjunto de biografías y semblanzas de mujeres relevantes que ya había publicado por separado en la revista CLARÍN (Oviedo). Una edición revisada y ampliada. El título quiere significar que se trata de mujeres que proceden de la clase media ilustrada o de la alta burguesía que encontraron su libertad o afirmaron su identidad durante los años de la Segunda República. No se identificaron con la República por razones de clase o acuciadas por el hambre que acechaba en ese periodo a tantos obreros y campesinos, sino por el clima de reformas y el aire de libertad que representaba para ellas. Algunos nombres: Mercè Rodoreda, Carmen de Zulueta, Isabel Oyarzábal, Josefina Carabias, Constancia de la Mora, Remedios Varo, Zenobia Camprubí... Además de María Moliner y Matilde Ucelay, María Brey y Matilde Moliner, represaliadas y depuradas tras la contienda fratricida. Así hasta catorce perfiles de mujer.
http://puntodevistaeditores.com/tienda/las-republicanas-burguesas/
http://puntodevistaeditores.com/tienda/las-republicanas-burguesas/
sábado, 12 de julio de 2014
Juby Bustamante y Marichu de la Mora
Nos deja Juby Bustamante (1938-2014), referente del periodismo de la Transición y de los últimos años del siglo XX. Aunque no trabajé con ella, conozco a varios periodistas que se iniciaron bajo su magisterio, primero en el diario Madrid y luego en Cambio y Diario 16. Sé también que siendo jefa de prensa del ministerio de Cultura (con Javier Solana y Jorge Semprún) orientó a bastantes periodistas para que accedieran como responsables de prensa a diversos organismos e instituciones culturales que tenían vacante ese puesto en ese momento. Sin duda, repartía juego.
Tuve un inicial y breve contacto profesional con Juby Bustamante cuando ella era la directora de Comunicación del museo Tyssen y yo escribí un perfil de Tita Tyssen para EL PAÍS DOMINGO. Pero fue ya en torno a 2005 cuando tuve ocasión de conocerla de cerca mientras me documentaba para el libro "La roja y la falangista" (Planeta, 2006). A pesar de que Juby estaba ya medio retirada y con necesidad de descansar, accedió a verme en el Café Gijón para hablarme de Marichu de la Mora, la hermana falangista de Constancia. Maríchu había sido periodista de moda y fue durante un tiempo una de la colaboradoras con las que contó Bustamante. No tenían nada que ver pero, contra todo pronóstico, se hicieron amigas -amistad que se extendió al hijo cineasta de Marichu, Jaime Chávarri- e incluso viajaron juntas a Nueva York. Juby Bustamante me proporcionó una imagen positiva y evolucionada de Marichu de la Mora. Cuando ella la conoció era una mujer moderna y poco convencional y bastante alejada de la falangista que en su juventud perteneció al círculo íntimo de José Antonio y que años después mantuvo una complicidad especial con Dionisio Ridruejo antes de que este iniciara el tránsito a la democracia.
Mientras preparaba ese libro alguien del entorno de Marichu de la Mora me comentó que Juby había animado a su amiga y colaboradora a que escribiera sus memorias. Maríchu de la Mora las empezó a escribir en un cuaderno, pero el proyecto de editarlas perdió fuerza y finalmente quedó abandonado a la muerte de Marichu de la Mora, en 2001.
Tuve un inicial y breve contacto profesional con Juby Bustamante cuando ella era la directora de Comunicación del museo Tyssen y yo escribí un perfil de Tita Tyssen para EL PAÍS DOMINGO. Pero fue ya en torno a 2005 cuando tuve ocasión de conocerla de cerca mientras me documentaba para el libro "La roja y la falangista" (Planeta, 2006). A pesar de que Juby estaba ya medio retirada y con necesidad de descansar, accedió a verme en el Café Gijón para hablarme de Marichu de la Mora, la hermana falangista de Constancia. Maríchu había sido periodista de moda y fue durante un tiempo una de la colaboradoras con las que contó Bustamante. No tenían nada que ver pero, contra todo pronóstico, se hicieron amigas -amistad que se extendió al hijo cineasta de Marichu, Jaime Chávarri- e incluso viajaron juntas a Nueva York. Juby Bustamante me proporcionó una imagen positiva y evolucionada de Marichu de la Mora. Cuando ella la conoció era una mujer moderna y poco convencional y bastante alejada de la falangista que en su juventud perteneció al círculo íntimo de José Antonio y que años después mantuvo una complicidad especial con Dionisio Ridruejo antes de que este iniciara el tránsito a la democracia.
Mientras preparaba ese libro alguien del entorno de Marichu de la Mora me comentó que Juby había animado a su amiga y colaboradora a que escribiera sus memorias. Maríchu de la Mora las empezó a escribir en un cuaderno, pero el proyecto de editarlas perdió fuerza y finalmente quedó abandonado a la muerte de Marichu de la Mora, en 2001.
viernes, 9 de mayo de 2014
Mercedes Salisachs: La vida escrita hasta el final
Décadas escribiendo la vida. A veces su vida. Muere hoy Mercedes Salisachs, autora prolífica y no siempre valorada, a pesar del éxito comercial de algunas de sus novelas (o quizás por eso mismo).Puede interesar o no como novelista, pero nadie negará su empeño en dejar una obra narrativa digna. Y entre sus mejores libros, una obra sobre el proceso de escribir, La palabra escrita.
A Mercedes Salisachs no se le tomaba en serio como escritora cuando empezó porque provenía de la alta burguesía catalana, su vida era relativamente convencional y no tenía nada de existencialista, en una época en que triunfaban novelas como Nada (Laforet), o Primera memoria (Matute) o Entre visillos (Martín Gaite) o El Jarama (Sánchez-Ferlosio). Y en la que aparecieron novelistas excepcionales que renovaron la narrativa como Luis Martín-Santos o los Goytisolo.
Mercedes Salisachs seguía escribiendo, pese a todo, en la estela algo actualizada de Ignacio Agustí y otros narradores que han retratado la burguesía desde posiciones próximas y por tanto amables, sin renunciar a cierta crítica costumbrista.
Fue Josefina Rodríguez Aldecoa quien me habló de Mercedes Salisachs en torno al año 2000-2001, cuando preparaba mi libro Mujeres de la posguerra: De Carmen Laforet a Rosa Chacel, historia de una generación (Planeta, 2002). En este libro se recorre la posguerra a través de las obras y la biografías de las escritoras de los años cuarenta y cincuenta del siglo XX, incluidas las autoras del exilio. Josefina Aldecoa era una de las escritoras previstas para elaborar Mujeres de la posguerra y tuve la suerte de hablar con ella de su obra, en especial de sus novelas Historia de una maestra y Mujeres de negro. Posteriormente, le envié el capítulo referido a ella y y realizó algunas, pocas, correcciones. Pero antes, al final del almuerzo en un restaurante cercano al colegio que fundó y que dirigía, Estilo, en el que habíamos quedado para charlar de mi proyecto, me sugirió que hablara también con Salisachs. Aunque no pertenecía a su grupo de escritores de los cincuenta, habían coincidido alguna vez en Barcelona y había constatado su pasión por escribir y su empeño en hacerse un hueco en el mundo literario. Por todo ello, y porque su narrativa había surgido en la posguerra, pensaba que podría interesarme. No llegué a hablar directamente con ella, pero la incluí en el libro y le dediqué un capítulo a su obra y a la de Mercedes Fórmica, bajo el título: "Las aliadas del Régimen". Aliadas, de entrada, desde luego, aunque en el caso de Salisachs, la literatura fuera por delante.
Fue un acierto estudiar su voz en vez de limitarme a autoras de mayor exigencia literaria o más comprometidas. Me gustó mucho, además, su novela Una mujer llega al pueblo, al narrar el problema social y moral que se plantea en un pueblo marcado por el naciente turismo cuando vuelve a su casa familiar una joven embarazada que años atrás marchó a la ciudad. Esta trama le permite a la autora ahondar en la hipocresía social y describir un mundo de apariencias estratificado por razones socioeconómicas que ella conocía bien por sus relaciones sociales.
Cuando se publicó, Mercedes tuvo la atención de mandarme una nota agradeciéndome que la mencionara en Mujeres de la posguerra. Tenía ya una abultada obra a sus espaldas, había depurado su estilo, no había rehusado temas espinosos y había conseguido ser esa escritora real que sin duda, había en su interior. Seguía escribiendo, además, cuando ya no necesitaba demostrar nada. A no ser salvarse a sí misma hasta el final del cansancio de vivir. ¿Hay alguna otra manera mejor que escribir para superar los avatares de la vida y de la edad?
A Mercedes Salisachs no se le tomaba en serio como escritora cuando empezó porque provenía de la alta burguesía catalana, su vida era relativamente convencional y no tenía nada de existencialista, en una época en que triunfaban novelas como Nada (Laforet), o Primera memoria (Matute) o Entre visillos (Martín Gaite) o El Jarama (Sánchez-Ferlosio). Y en la que aparecieron novelistas excepcionales que renovaron la narrativa como Luis Martín-Santos o los Goytisolo.
Mercedes Salisachs seguía escribiendo, pese a todo, en la estela algo actualizada de Ignacio Agustí y otros narradores que han retratado la burguesía desde posiciones próximas y por tanto amables, sin renunciar a cierta crítica costumbrista.
Fue Josefina Rodríguez Aldecoa quien me habló de Mercedes Salisachs en torno al año 2000-2001, cuando preparaba mi libro Mujeres de la posguerra: De Carmen Laforet a Rosa Chacel, historia de una generación (Planeta, 2002). En este libro se recorre la posguerra a través de las obras y la biografías de las escritoras de los años cuarenta y cincuenta del siglo XX, incluidas las autoras del exilio. Josefina Aldecoa era una de las escritoras previstas para elaborar Mujeres de la posguerra y tuve la suerte de hablar con ella de su obra, en especial de sus novelas Historia de una maestra y Mujeres de negro. Posteriormente, le envié el capítulo referido a ella y y realizó algunas, pocas, correcciones. Pero antes, al final del almuerzo en un restaurante cercano al colegio que fundó y que dirigía, Estilo, en el que habíamos quedado para charlar de mi proyecto, me sugirió que hablara también con Salisachs. Aunque no pertenecía a su grupo de escritores de los cincuenta, habían coincidido alguna vez en Barcelona y había constatado su pasión por escribir y su empeño en hacerse un hueco en el mundo literario. Por todo ello, y porque su narrativa había surgido en la posguerra, pensaba que podría interesarme. No llegué a hablar directamente con ella, pero la incluí en el libro y le dediqué un capítulo a su obra y a la de Mercedes Fórmica, bajo el título: "Las aliadas del Régimen". Aliadas, de entrada, desde luego, aunque en el caso de Salisachs, la literatura fuera por delante.
Fue un acierto estudiar su voz en vez de limitarme a autoras de mayor exigencia literaria o más comprometidas. Me gustó mucho, además, su novela Una mujer llega al pueblo, al narrar el problema social y moral que se plantea en un pueblo marcado por el naciente turismo cuando vuelve a su casa familiar una joven embarazada que años atrás marchó a la ciudad. Esta trama le permite a la autora ahondar en la hipocresía social y describir un mundo de apariencias estratificado por razones socioeconómicas que ella conocía bien por sus relaciones sociales.
Cuando se publicó, Mercedes tuvo la atención de mandarme una nota agradeciéndome que la mencionara en Mujeres de la posguerra. Tenía ya una abultada obra a sus espaldas, había depurado su estilo, no había rehusado temas espinosos y había conseguido ser esa escritora real que sin duda, había en su interior. Seguía escribiendo, además, cuando ya no necesitaba demostrar nada. A no ser salvarse a sí misma hasta el final del cansancio de vivir. ¿Hay alguna otra manera mejor que escribir para superar los avatares de la vida y de la edad?
miércoles, 23 de abril de 2014
Elena Ponistowska, "Tinísima" y Constancia de la Mora
Hace años le pedí a Elena Poniatowska pistas de su libro "Tinísima", biografía de la fotógrafa Tina Modotti. Quería leerlo para documentarme sobre el México que econtró Constancia de la Mora en su exilio, ya que en ese tiempo preparaba "La roja y la falangista. Dos hermanas en la España del 36" (Planeta). Poniatowska me lo envió desde México. Ella es así, servicial, amable y generosa. El libro era inspirador y contenía pinceladas y situaciones noveladas en base a lo que le habían contado sus fuentes orales. Era una biografía torrencial -trabaja a destajo y utiliza múltiples testimonios cuando se embarca en un tema- que descubría todas las dimensiones de Tina Modotti. Además, desgranaba información sobre otros refugiados europeos, muchos de ellos españoles, como Constancia de la Mora, que había que completar, lógicamente, con datos y fechas. Elena Poniatowska reúne la doble condición de periodista y escritora en proporciones adecuadas. No es frecuente. A menudo se es algo más periodista que escritor o viceversa. En Ponistowska -y también en García Márquez- cada uno de los registros ayuda al otro sin estorbar. Esa es una de las razones por las que Elena Poniatowska novela sus testimonios y biografías, al igual que agiliza su narrativa con técnicas de cronista.
sábado, 29 de marzo de 2014
María Moliner en Lecturas Sumergidas
Entrada sobre María Moliner en la sección PASIONES de "Lecturas Sumergidas" del número de marzo de 2014. Es mi retrato más personal sobre la autora del "Diccionario de Uso del español" después de publicar su biografía ("El exilio interior. La vida de María Moliner)" en 2011 en edición impresa y en 2012 en e-book
http://lecturassumergidas.com/2014/03/28/mi-retrato-de-maria-moliner_/
http://lecturassumergidas.com/2014/03/28/mi-retrato-de-maria-moliner_/
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