viernes, 9 de mayo de 2014

Mercedes Salisachs: La vida escrita hasta el final

Décadas escribiendo la vida. A veces su vida. Muere hoy Mercedes Salisachs, autora prolífica y no siempre valorada, a pesar del éxito comercial de algunas de sus novelas (o quizás por eso mismo).Puede interesar o no como novelista, pero nadie negará su empeño en dejar una obra narrativa digna. Y entre sus mejores libros, una obra sobre el proceso de escribir, La palabra escrita.
A Mercedes Salisachs no se le tomaba en serio como escritora cuando empezó  porque provenía de la alta burguesía catalana, su vida era relativamente convencional y no tenía nada de existencialista, en una época en que triunfaban novelas como Nada (Laforet), o Primera memoria (Matute) o Entre visillos (Martín Gaite) o El Jarama (Sánchez-Ferlosio). Y en la que aparecieron novelistas excepcionales que renovaron la narrativa como Luis Martín-Santos o los Goytisolo.
Mercedes Salisachs seguía escribiendo, pese a todo, en la estela algo actualizada de Ignacio Agustí y otros narradores que han retratado la burguesía desde posiciones próximas y por tanto amables, sin renunciar a cierta crítica costumbrista.
Fue Josefina Rodríguez Aldecoa quien me habló de Mercedes Salisachs en torno al año 2000-2001, cuando preparaba mi libro Mujeres de la posguerra: De Carmen Laforet a Rosa Chacel, historia de una generación (Planeta, 2002). En este libro se recorre la posguerra a través de las obras y la biografías de las escritoras de los años cuarenta y cincuenta del siglo XX, incluidas las autoras del exilio. Josefina Aldecoa era una de las escritoras previstas para elaborar Mujeres de la posguerra y tuve la suerte de hablar con ella de su obra, en especial de sus novelas Historia de una maestra y Mujeres de negro. Posteriormente, le envié el capítulo referido a ella y y realizó algunas, pocas, correcciones. Pero antes, al final del almuerzo en un restaurante cercano al colegio que fundó y que dirigía, Estilo, en el que habíamos quedado para charlar de mi proyecto, me sugirió que hablara también con Salisachs. Aunque no pertenecía a su grupo de escritores de los cincuenta, habían coincidido alguna vez en Barcelona y había constatado su pasión por escribir y su empeño en hacerse un hueco en el mundo literario. Por todo ello, y porque su narrativa había surgido en la posguerra, pensaba que podría interesarme. No llegué a hablar directamente con ella, pero la incluí en el libro y le dediqué un capítulo a su obra y a la de Mercedes Fórmica, bajo el título: "Las aliadas del Régimen". Aliadas, de entrada, desde luego, aunque en el caso de Salisachs, la literatura fuera por delante.
Fue  un acierto estudiar su voz en vez de limitarme a autoras de mayor exigencia literaria o más comprometidas. Me gustó mucho, además, su novela Una mujer llega al pueblo, al narrar el problema social y moral que se plantea en un pueblo marcado por el naciente turismo cuando vuelve a su casa familiar una joven embarazada que años atrás marchó a la ciudad. Esta trama le permite a la autora ahondar en la hipocresía social y describir un mundo de apariencias estratificado por razones socioeconómicas que ella conocía bien por sus relaciones sociales.
Cuando se publicó, Mercedes tuvo la atención de mandarme una nota agradeciéndome que la mencionara en Mujeres de la posguerra. Tenía ya una abultada obra a sus espaldas, había depurado su estilo, no había rehusado temas espinosos y había conseguido ser esa escritora real que sin duda, había en su interior. Seguía escribiendo, además, cuando ya no necesitaba demostrar nada. A no ser salvarse a sí misma hasta el final del cansancio de vivir. ¿Hay alguna otra manera mejor que escribir para superar los avatares de la vida y de la edad?

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