viernes, 30 de octubre de 2009

Pensar con Gredos


Buena iniciativa la de editorial Gredos (RBA) de publicar la biblioteca de Grandes Pensadores. El pensamiento occidental como complemento/antídoto de la banalidad con la que a veces llenamos/vacíamos los días. Pensar, como vivir y amar cansa. Claro que quitarse de pensar es peor, poruqe aburre y atocina.

lunes, 5 de octubre de 2009

Tan cerca de Gregorio Sansa

Los conflictos que más duelen y desgastan suelen ser aquellos no buscados y en los que nos vemos envueltos no sólo a pesar de nosotros mismos sino arrastrados por circunstancias a veces ridículas o injustas que no controlamos. Se trata a veces de situaciones que rozan la paradoja o el absurdo: la sensación kafkiana de ir a juicio no por haber transgredido algo sino por haber sido demasiado condescendientes con quien finalmente exige más y nos lleva al litigio; la sensación de estafa que se experimenta cuando la Administración, o el casero, o la junta de vecinos o el operador telefónico nos niega sus servicios o incumple sus compromisos y al mismo tiempo nos sube la factura, o la cuota asignada. En fin, una parecida sensación de estupor y de impotencia como la de Gregorio Sansa al despertar aquella mañana que nos narró Kafka. Por fortuna, el día a día ofrece muchos otros momentos bien distintos, y finalmente seguimos vivos, fieles a nuestra identidad y lejos de convertirnos esa monstruosa criatura que se adueñó de Sansa.Aun así, qué cerca estamos de esta alegórica figura de Kafka algunos días.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Una vida, ¿dos auobiografías?

Constancia de la Mora ha sido considerada una figura de culto, sin duda minoritaria, para parte de la izquierda y de algunos de los que han seguido la historia española del siglo XX. Su autobiografía (In place of Splendor en su versión inglesa, publicada en 1939 en Nueva York, y Doble esplendor en la edición en español, que apareció en México en 1944) genera diversos enigmas. Uno de ellos es la autoría de la edición neoyorkina:a partir de un apresurado y extenso borrador, De la Mora recibió consejos de amigos y de militantes y la redacción final, tras eliminar varios folios, la unificó la guionista norteamericana Ruth MacKenney. Probablemente se trató de una escritura compartida, aunque la dueña de la historia y de las ideas sea sin duda Constancia de la Mora. In place of Splendor es el balance, tras un primer relato biográfico, de una toma de postura a favor de República por parte de una nieta de Antonio Maura. Una República derrotada en parte por el abandono de la potencias democráticas bajo la máscara de la neutralidad, mientras la Europa fascista ayudaba a los insurgentes a conseguir la victoria. Dirigida a la opinión estadounidense, es lógico que De la Mora aceptara que una guionista le diera una mano final.
En la versión en español, traducida por la propia autora, Constancia de la Mora tuvo tiempo suficiente para decidir qué eliminaba y qué añadía a esa obra ya escrita. Aunque ambas versiones son prácticamente iguales en lo sustancial, la autora decidió eliminar anécdotas y párrafos másútiles para el público norteamericano que para la historia en sí. Como muestra, eliminió el modo en que entró en contacto con el corresponsal Jay Allen y su familia. Allen, influyente periodista estadonunidense, fue su anfitrión durante su estancia en Estados Unidos y arropó a Constancia en sus primeros encuentros con Eleanore Roosevelt. Pero en 1944 quizás toda esa historia se había desvaneciedo, y quizás la amistad con Allen no era tan estrecha. De la Mora estaba afincada en México y no había conseguido visado para volver a Estados Unidos por su militancia comunista. Era una exiliada y esa voz, con nuevas reflexiones, aflora en Doble esplendor.
Hace años que aprecié esta dualidad sobre la que ni siquiera muchos lectores bilingües han observado, al no cotejar juntos ambos textos. En el último número de la revista literaria CLARÍN (julio-agosto, ediciones Nobel)desarrollo con amplitud este argumento bajo el título "Constancia de la Mora, una vida, ¿dos autobiografías?"

sábado, 5 de septiembre de 2009

Erratas y descuidos

Escribir puede ser una tarea inútil (para algunos) o necesaria (para el que se entrega a ella). Una construcción de palabras en la que se invierte mucho tiempo, aunque se trate de un tiempo vivido, exprimido y bien saboreado. Pero esa construcción puede convertirse a veces en un castillo de naipes. Su talón de Aquiles puede ser una palabra poco afortunada, o una mala puntuación, lo que viene llamándose erratas. Un punto que se olvidó, o que se borró, a pesar de que se mantuvo la mayúscula que separaba dos oraciones, puede interpretarse por un lector despistado o un corrector falto de tiempo como un monstruoso pulpo de brazos interminables, o de lo que es lo mismo de oraciones subordinadas que ahogan la principal o que dejan a quien escribe sin aliento. Una errata en suma que sólo los lectores exquisitos pueden volver a escribir cuando el texto herido cae en sus man

martes, 18 de agosto de 2009

Contrastes

Contrastes. La felicidad, aunque efímera, pasa varias veces al día, o a la semana, quizás. La vulnerabilidad, la conciencia de menudencia en un mundo globalizado y a menudo falto de escrúpulos o rudo, aparece también varias veces al día o a la semana. Todo convive o cohabita, y a menudo sólo la dignidad, o la fe hace que predomine una conciencia de felicidad o de certeza, o al menos de coherencia. Como en la escritura de Javier Marías, con sus optativas, todo es cuestión de optar o resistir.

domingo, 26 de julio de 2009

La paradoja del interventor y otras paradojas

Construcción, deconstrucción, destrucción. Es el proceso habitual (fatal) en arte, literatura, e incluso en la vida. No hace falta decir que incluso los que apuestan por la destrucción, al final buscan de nuevo la construcción (veáse a dictadores y gentes de pocos escrúpulos, una vez que ponen todo patas arriba, lo que quieren es construir un nuevo régimen o disfrutar de respetabilidad).
Ni que decir tiene que la fórmula literaria y vital que me interesa es construcción, deconstrucción, construcción.
Cada vez me atrae más el estilo que cuenta con visiones diferentes que unifican en unos cuantos capítulos una visión final.
Aunque también me gusta intercalar prosas bien construidas, como las de Gonzalo Hidalgo Bayal y su novela La paradoja del interventor
que un amigo que me acaba de recomendar.

miércoles, 8 de julio de 2009

El tiempo que pasa

"Como pasó el amor, pasará el desconsuelo", dice un verso de Ángel González. Me gusta. Es simple, y es hondo.