lunes, 5 de octubre de 2009

Tan cerca de Gregorio Sansa

Los conflictos que más duelen y desgastan suelen ser aquellos no buscados y en los que nos vemos envueltos no sólo a pesar de nosotros mismos sino arrastrados por circunstancias a veces ridículas o injustas que no controlamos. Se trata a veces de situaciones que rozan la paradoja o el absurdo: la sensación kafkiana de ir a juicio no por haber transgredido algo sino por haber sido demasiado condescendientes con quien finalmente exige más y nos lleva al litigio; la sensación de estafa que se experimenta cuando la Administración, o el casero, o la junta de vecinos o el operador telefónico nos niega sus servicios o incumple sus compromisos y al mismo tiempo nos sube la factura, o la cuota asignada. En fin, una parecida sensación de estupor y de impotencia como la de Gregorio Sansa al despertar aquella mañana que nos narró Kafka. Por fortuna, el día a día ofrece muchos otros momentos bien distintos, y finalmente seguimos vivos, fieles a nuestra identidad y lejos de convertirnos esa monstruosa criatura que se adueñó de Sansa.Aun así, qué cerca estamos de esta alegórica figura de Kafka algunos días.

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