sábado, 17 de mayo de 2008

Constancia de la Mora/2


Carmen Laforet. Constancia de la Mora. El misterio las envuelve, pero esa sensación enigmática no sólo surge de ellas sino de la mirada del lector o el espectador.
Son, sin duda, figuras distintas. Carmen Laforet deslumbró con Nada, y luego trató de crecer como narradora, pero no siempre le convencía lo que escribía o lo que pretendía escribir. Fue un problema convinado de autoexigencia e inseguiridad. La insolación y algunos de sus cuentos y relatos demuestran que sí creció. Pero había en ella una herida, un ensimismamiento discontinuo y un sentido salvaje de la libertad (lo desarrollé en Mujeres de la posguerra) que la llevaron a ser errante, viajera, nómada de sí misma y de las gentes con las que convivía. Sus pérdidas de memoria posteriores, su selectiva elección de los amigos y finalmente su muerte, cierran un ciclo de enigmas. ¿Por qué dejó de escribir? ¿Por qué se rompió por dentro algunas veces? ¿Por qué a pesar de seguir escribiendo a veces a contrapelo, se le sigue asociando a Nada y nada más?
Siendo tan distintas, no deja de ser curioso que a Laforet le persiga para siempre el eco de Nada y a De la Mora el peso de Doble esplendor.
Constancia de la Mora no fue en absoluto una creadora, sino una mujer de acción. Ni siquiera fue una escritora en sentido genuino. Su única obra por excelencia, In place of Splendor (En el lugar del lujo en sentido literal, pero titulado en castellano, Doble esplendor), fue ante todo un testimonio precipitado y urgente. En el entorno de los exiliados soviéticos y mexicanos se decía que estas memorias habían sido escritas con la ayuda de los corresponsales de guerra norteamericanos que le hicieron de anfitriones, entre ellos Jay Allen, e incluso mientras escribía su biografía (La roja y la falangista. Planeta, 2006), alguien me dijo que el autor real era E. Hemingway. Era inverosímil, porque tenía que haber transcendido por fuerza al tratarse de un escritor tan conocido. Sin embargo, fue Margaret Hooks, una de las biógrafas de Tina Modotti, quien, al recabar información para su libro en el entorno de los exiliados mexicanos, descubrió y desveló después en Tina Modotti. Photographer an Revolutionary, que la autora material, o al menos la que le dio la última redacción a las memorias de Connie fue la guionista y novelista filocomunista Ruth McKenney. Es una posibilidad, desde luego. Lo que no significa que McKenney sea la autora en la sombra de In place in Splendor. El que diera un tono final al libro o corregiera parte de su estilo en inglés no la acredita como coautora. Por otra parte, no fue la única ayuda que recibió Constancia para elaborar In place of Splendor. Sin embargo, a pesar de saberse que Constancia de la Mora no había escrito al cien por cien su autobiografía, entre otras razones porque era materialmente improbable que lo hubiera escrito en tres o cuatro meses, Doble esplendor es una obra de culto. Después de todo, la vida de Constancia, su epopeya en busca de la libertad primero y posteriormente en pro de la supervivencia de la República, late en ese libro. Después de todo, Constancia no era escritora ni era su misión escribir un libro. ¿Dónde está la grandeza de Constancia? En el salto cualitativo de hija de la oligarquía a republicana de izquierdas; en el sentido político que adquirió en poco tiempo y que le llevó a comprender que la guerra se perdía porque las potencias, con el pacto de no intervención, estaban dando la espalda al gobierno republicano y dejándolo caer mientras Alemania e Italia rearmaban a Franco; en su desgarrada petición de ayuda a la sociedad norteamericana mientras la República agonizaba y Franco lejos de perdonar a los vencidos civiles anunciaba represalias... Sin olvidar su encendida denuncia de la indefensión de los exiliados retenidos en los campos franceses... En ese sentido, Doble esplendor fue un elemento de propaganda en manos de una mujer que se había convertido en un convencido agente propagandístico de la República. ¿Dónde están sus miserias? En su intransigencia, su sectarismo, su afán de protagonismo... Ahora bien, ¿cabe reprocharle que no fuera además escritora? ¿Cabe por eso afirmar que fue agente soviética, como algunos insinúan o que fue mala malísima? No está demostrado y no lo creo, además, como ya escribí en La roja y la falangista.
¿Cuáles son los misterios que todavía interesan en torno a Constancia de la Mora: ¿Por qué se fue apartando al final de sus días del PCE o de los dirigentes afincados en México? ¿Por qué su hija Luli que había ido como niña de guerra a la URRSS no salió de ese país en 1939 con Hidalgo de Cisneros, su padre legal y del que ostentaba su apellido y, en consecuencia, no se reunió con su madre hasta después de la Segunda Guerra Mundial? A pesar de su indiscutible lealtad a la República, ¿cuál era su ideología finalmente cuando murió? Más aún: Aunque su muerte fuera sólo un accidente como aparentemente hay que admitir, ¿estorbaba en esos momentos a alguien? Centrarse en su carácter o en su capacidad para maniobrar a su favor en determinados momentos de nuestra historia es banalizar una figura que siendo más o menos simpática, no fue en ningún momento mediocre.

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