La estela de Dionisio Ridruejo reaparece esta primavera en dos libros, una biografía de Manuel Penella (que había escrito ya una anterior versión ahora corregida) y una novela, "Gritad concordia", de Rafael Fraguas, inspirada en su figura. De entrada, Ridruejo parece un personaje de otra época, alguien alejado de nuestro tiempo. Y sin embargo, su carisma, osadía y sentido de la libertad, hacen de él una figura atractiva, en parte enigmática y profundamente contemporánea. Me adentré en su trayectoria para escribir las biografías cruzadas de Constancia de la Mora Maura y su hermana Marichu (La roja y la falangista. Dos hermanas en la España del 36, Planeta, 2006). Mi interés por Constancia de la Mora, republicana, comunista y exiliada, me había llevado a escribir esta doble biografía en la que su hermana Marichu representaba el polo opuesto, todo lo que la autora de "Doble esplendor" aborrecía. Sin embargo, en el terreno humano, Marichu de la Mora no carecía de interés y en la segunda mitad de su vida, convertida en periodista de moda (tras dirigir la revista Y, editada por la Sección Femenina), se reconstruyó a si misma como una mujer seductora y moderna. Y naturalmente, de Marichu fui a Ridruejo.
Poeta apasionado, Dionisio Ridruejo sufrió en su juventud el mismo espejismo que llevó a parte de su círculo de amigos a adoptar posturas extremas en política: venía de una familia castellana acomodada, no se identificaba con la derecha conservadora y se sintió fascinado por la retórica de José Antonio Primo de Rivera. Al igual que Marichu, aunque esta de un modo más intenso. En los años previos al golpe militar contra la Segunda República y la feroz Guerra Civil a la que condujo aquel, los tres (Marichu, José Antonio y Ridruejo) se hicieron inseparables. Tras la detención y encarcelamiento del líder, Marichu, a la que José Antonio denominaba "mi señorita Kant", no dejó de escribirle -y de esperar las cartas que él le enviaba desde la cárcel-. Al morir Primo de Rivera, estas cartas y otras muchas confidencias abonaron una amistad muy especial entre Ridruejo y Marichu de la Mora, al borde de la depresión tras la pérdida de su líder y amigo. Pero tan entregada a la causa que se convirtió en la inseparable colaboradora de Pilar Primo de Rivera durante la contienda y los primeros años de la Victoria. Para el poeta, Marichu pasó a ser Aurea, el amor que alimentó sus poemas (Ver Primer libro de amor) antes de partir a la División Azul. Porque la gran odisea de Ridruejo fue marcharse a Alemania imbuido de ideas fascistas y de deseos delirantes de volver como un héroe y comprender en el abismo de las noches cuajadas de nieve que allí no estaba el honor, sino el drama, el genocidio y la consiguiente catarsis. La fiebre y la enfermedad lo devolvieron a España con aureola de héroe, pero regresaba decepcionado hasta la médula. Abandonó sus cargos, escribió a Franco criticando su política con insolencia y el dictador lo desterró a Ronda. Ridruejo renunció en ese momento a todo, incluido el porvenir que le esperaba en aquella dictadura que había contribuido a traer y a sustentar en sus inicios. Ahí empezó su travesía del desierto que le llevaría a la democracia. Demócrata antes de que llegara en efecto la democracia a España, Ridruejo simboliza el coraje de cambiar, la fuerza para enmendar las equivocaciones. Mitad poeta y político, el siglo XX se lo llevó y -aunque nunca se fue del todo para sus seguidores- ha reaparecido esta primavera.
En "Casí unas memorias" y en "Los cuadernos de Rusia", vemos a un Ridruejo desmitificador que ajusta cuentas con sus emociones y su tiempo. Un tiempo convulso que conviene tener presente para no olvidar que la historia no se repite, pero
se asemeja.
sábado, 1 de junio de 2013
martes, 7 de mayo de 2013
Una nueva biblioteca María Moliner
El 23 de abril se inauguró la biblioteca municipal de Orihuela (Murcia). En sí, una buena noticia. Bautizada, además, con el nombre de María Moliner. Sorprende el listado de bibliotecas, institutos, centros de lectura e instituciones culturales que llevan el nombre de la lexicógrafa. Tan tenaz en vida (y tan discreta, aunque eso no limitara su ambición intelectual) como célebre tras su muerte. En muchas ocasiones su nombre se elige como homenaje o incluso como icono de calidad, en otras subyace la necesidad de reparar la injusticia de no haber sido reconocida en vida. Un no reconocimiento que evoca el injusto rechazo de la RAE a que se sentara en la docta Casa en 1972, De esa injusticia y de su colosal aportación como lexicógrafa nacen todos estos homenajes a destiempo pero no a deshora. Son merecidos.
jueves, 18 de abril de 2013
Más sobre El exilio interior de María Moliner
Sigue la estela de comentarios sobre "El exilio interior. La vida de María Moliner", editorial Turner, en vísperas del Día (y la Noche) de los libros. Un libro que intenta desentrañar las claves de Moliner desde el respeto. ¿Cómo iba a ser de otro modo? Recomiendoo vivamente su Diccionario de uso del español. Y quien pueda permitírselo, combinar la primera edición (1966-1967)
, además de la actualizada.
http://www.hislibris.com/el-exilio-interior-la-vida-de-maria-moliner-inmaculada-de-la-fuente-farsalia-con-fotos/
miércoles, 17 de abril de 2013
El doble legado de MARÍA MOLINER
Enlace de un texto que describe la trayectoria de MARÍA MOLIER a través de mi biografía, "El exilio interior. La vida de María Moliner" (Turner, 2011). Gracias por recoger una de mis ideas centrales sobre la autora del Diccionario de Uso del español: afán de superación y vocación de "hacer" y no solo ser. Un destino personal marcado por la excepción y la ausencia total de vanidad.http://www.um.es/tonosdigital/znum22/secciones/resenas-7-maria_moliner.htm
domingo, 14 de abril de 2013
María Zambrano y el 14 de abril
"Alta, alta, ondeaba la bandera republicana, ahora ya del todo desplegada. (...) Eran las seis y veinte. Las seis y veinte de la tarde de un martes 14 de abril de 1931". Así evocó María Zambrano en su autobiografía "Delirio y destino" la tarde del 14 de abril que ella y su familia vivió de cerca, como otros madrileños que llegaron a la Puerta del Sol, a la sede de Gobernación. Los comicios del día anterior habían dado mayoría republicana y las autoridades reconocieron su derrota dando paso a la Segunda República sin alboroto, con naturalidad.
Y Zambrano prosigue:
"En la Puerta del Sol los grupos se renovaban incesantemente, como si la ciudad toda hubiese de pasar por aquel lugar, por aquel Centro mágico. Bajando por un costado de Gobernación llegó un grupo de obreros como danzando. Uno de los que formaban el grupo se destacó dirigiéndose a alguien que pasaba y gritó: "¡Viva la República!" mientras los demás revoloteaban en su danza improvisada, "Viva España". -"Claro, ¡Viva España!" y alzando el puño en un comienzo de ira con voz un poco ronca: "¡Y muera!..., pero no, que no muera nadie, que viva todo el mundo. Sí que viva el Mundo, que vivan todos, todo el mundo", con la voz por momentos más clara. Y alzando los brazos al cielo, dejando el pecho al descubierto, ofreciéndose como si estuviera frente al Universo, él solo, aún gritó: "¡Que viva todo el mundo!". La luz de un foco eléctrico le bañaba de arriba abajo; se reflejaba en su camisa blanca, blanca, de tan blanca, la misma blancura". ("Delirio y destino", págs 231-233, Mondadori 1989) Párrafo citado en De la Fuente, I: Mujeres de la posguerra, págs 349-350, Planeta 2002
La Segunda Repúlica que hoy rememoramos llegó con consenso, con esperanza. Contaba con un proyecto reformista, una apuesta cultural muy atractiva y un conjunto de políticos deseosos de hacer las cosas bien. Pero aquello se frustró: ciertos sectores pusieron su empeño desde el primer día en cargarse todo aquello; algunos compañeros de viaje impacientes y nunca satisfechos con las reformas la pusieron también en peligro de manera irresponsable... Y vino el golpe del 36...Hay bibliografía suficiente para quien quiera saber. Uno de los puntos débiles de aquella etapa era la falta de conciencia democrática de amplios sectores de la sociedad. Hoy, la situación es completamente distinta, pero de alguna manera todavía frágil. La crisis y la desesperanza hacen evocar aquel día...Sí, pero la jefatura de Estado no es la panacea. Lo que necesita esta sociedad es más democracia, más tolerancia, menos guerracivilismo a la que salta...Los abismos, los extremos, los odios soterrados y los prrejuicios son los auténticos demonios.
sábado, 16 de febrero de 2013
Leer (otro homenaje más) a Emily Dickinson
Los que amamos la literatura, pero no somos habituales lectores de poesía, tenemos una deuda con Emily Dickinson, la gran solitaria que se alimentó de vida interior, secretos y poemas. Figura literaria ella misma por el misterio que encierra su biografía, autora de culto por la hondura y exquisitez de sus poemas, su obra es permanente objeto de análisis por las claves biográficas y por tanto amorosas o existenciales que refleja. O que esconde y de pronto revela en un verso aparentemente oscuro. Ahora, Emily Dickinson, cada vez más presente y cercana entre nosotros, reaparece en las librerías con sus "Poesías completas" publicadas por Amargord.
¿Tenía defectos María Moliner?
Son muchas las críticas, reseñas y comentarios sobre "El exilio interior. La vida de María Moliner" (Turner, 2011), que he llegado a leer. De vez en cuando descubro algunas nueva. La mayoría son comentarios generosos, tal vez porque escribir la biografía de María Moliner es una tarea agradecida. De cualquier modo, en algunos textos se plantea un dilema que comparto: ¿se puede caer en el homenaje cuando se aborda una figura no solo positiva, sino ´casi ejemplar, como la autora del "Diccionario de Uso del español"? ¿Tenía María Moliner defectos o puntos discutibles que, como biógrafa, no he sabido ver o no he tenido oportunidad de conocer o comprobar? Desde luego, no todo es blanco ni negro. Todo el mundo tiene una parte menos interesante o un lado no del todo atractivo. Pero en María Moliner hay elementos, y algunos de peso, que la hacen brillar en el campo profesional y personal. Por otra parte, es una figura cargada de resistencia, una superviviente del exilio interior durante la posguerra. Y con muy pocos flecos discutibles, con poca "carne" para la polémica, ya que era discreta, nada altisonante y poco estridente.
Pero no aburrida... Defectos tenía, desde luego, los propios de su personalidad perfeccionista y puntillosa; su ironía algo chusca que no todos entendían...El afán de dar cuentas solo a sí misma, haciendo las cosas a su modo. Ahora bien, ´¿qué es eso frente al Diccionario? Es cierto que no ha llegado a mis manos epistolarios o documentos que puedan llegar más lejos para calar hondo en su personalidad o en sus posibles claroscuros. Quizá no los hubo, tal vez se perdieron. Podría haber cedido algo más a la especulación, pero he optado por la sobriedad.
En cuanto a su posición política, parece claro que, sin llegar a militar en organización política de forma clara, fue progresista y republicana comprometida. Sus ideas "eran bien conocidas", dijo ella misma. Pero también era una mujer que se resguardaba de las etiquetas, y que pasó por una Guerra Civil y un proceso de depuración posterior. No le gustaba dar demasiadas explicaciones. Porque era sencillamente ella misma. Y ser María Moliner no fue fácil: ya desde los 12 años tuvo que luchar firme para lograr sus sueños. Y así hasta el final de sus días.
Es posible que biografías como esta deriven en algún párrafo hacia "la admiración" o que se insinúen matices no del todo explicitados. En este caso, además, las notas y observaciones finales completan y ofrecen claves para releer la biografía. En todo caso, la visión del lector y su propia interpretación pueden ir más allá de lo que la autora ha querido o podido escribir.
Pero no aburrida... Defectos tenía, desde luego, los propios de su personalidad perfeccionista y puntillosa; su ironía algo chusca que no todos entendían...El afán de dar cuentas solo a sí misma, haciendo las cosas a su modo. Ahora bien, ´¿qué es eso frente al Diccionario? Es cierto que no ha llegado a mis manos epistolarios o documentos que puedan llegar más lejos para calar hondo en su personalidad o en sus posibles claroscuros. Quizá no los hubo, tal vez se perdieron. Podría haber cedido algo más a la especulación, pero he optado por la sobriedad.
En cuanto a su posición política, parece claro que, sin llegar a militar en organización política de forma clara, fue progresista y republicana comprometida. Sus ideas "eran bien conocidas", dijo ella misma. Pero también era una mujer que se resguardaba de las etiquetas, y que pasó por una Guerra Civil y un proceso de depuración posterior. No le gustaba dar demasiadas explicaciones. Porque era sencillamente ella misma. Y ser María Moliner no fue fácil: ya desde los 12 años tuvo que luchar firme para lograr sus sueños. Y así hasta el final de sus días.
Es posible que biografías como esta deriven en algún párrafo hacia "la admiración" o que se insinúen matices no del todo explicitados. En este caso, además, las notas y observaciones finales completan y ofrecen claves para releer la biografía. En todo caso, la visión del lector y su propia interpretación pueden ir más allá de lo que la autora ha querido o podido escribir.
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