sábado, 2 de abril de 2011

De Carmen Laforet a María Moliner




Escribir una biografía en entrar en arenas movedizas: el autor escribe desde un territorio intermedio entre la atracción por el personaje y su obra como punto de partida y el abismo al que termina acercándose cuando encuentra el alma o el punto de inflexión del biografíado.
Mi primer trabajo biográfico giró en torno a Carmen Laforet. Cuando lo escribí, entre 1999 y 2000, Laforet era casi un personaje literario de sí misma, estaba recluida en su mundo y en su enfermedad y prácticamente retirada de la literatura. Me acerqué a ella desde el respeto y la curiosidad y creo que toqué el misterio que la envolvía en "Mujeres de la posguerra" (Planeta, 2002). Estoy muy orgullosa de esta biografía en la que aún hoy descubro tantos matices sobre la escritora y su obra, en la que está todo esbozado y sugerido, sin juzgar, y sin menospreciar la obra literaria de quien fue capaz de escribir "Nada", aunque luego entrara en los laberintos de la fobia a la escritura y la enfermedad.
Años después me adentré en la historia de Constancia de la Mora Maura, una mujer de vida apasionante y controvertida, y por encima de todo valiente. Una vida de novela. Su biografía (cruzada con la de su hermana Marichu de la Mora, en "La roja y la falangista", Planeta 2006) me permitió combinar sus datos biográficos con los de los acontecimientos históricos que vivió como republicana y comunista y finalmente exiliada, a pesar de haber nacido en la alta burguesía y ser nieta de Maura. Estoy muy satisfecha de esta obra en la que intenté narrar el bárbaro golpe militar del 36 y la cruel historia de la Guerra Civil a través de la vida de ambas hermanas. Aun así, mientras escribía la historia personal de Constancia de la Mora me planteaba por qué no escribía una novela sobre ella, por qué no entraba de lleno en el terreno de la ficción en vez de hacer biografía. Habría sido mucho más fácil partiendo de unos mimbres tan literarios como los que Constancia de la Mora, conocida como Connie, suscitaba por sí misma y sus apellidos. No lo hice, claro. Me mantuve fiel al género pactado con mi editor, aunque eso sí, las conntaciones que rodeaban a Constancia de la Mora y su hermana me permitieron introducir elipsis y cuñas de ficción al contar sus vidas.

Y hace dos años empecé a prepara la biografía de María Moliner. El reto era diferente, ya que Moliner es tan popular por su Diccionario como desconocida, por no decir invisible. Al mismo tiempo, su obra no ha sido lo bastante reconocida, aunque sí estudiada y difundida. Antes de escribir el Diccionario de Uso del español, en la primera parte de su vida, tuvo ya un perfil profesional acusado, como responsable de Misiones Pedagógicas primero y luego como gestora bibliotecaria durante la Segunda República. Es una vida la suya en la que el perfil profesional y el de estudiosa de las palabras se impone a lo cotidiano y lo familiar. Por otra parte, era una mujer que decía que "los recuerdos se queman" por lo que no guardaba nada, ni documentos ni cartas. En su vida privada era muy discreta (no anodina)y jamás ha dado un escándalo. Hacer ficción de alguien tan conocida en su esencial faceta de autora del Diccionario no era pertinente; prescindir de su densa biografía como bibliotecariadepurada y castigada por los vencedores de la Guerra Civil, tampoco era riguroso. Supongo que otros biógrafos habrían aligerado los aspectos profesionales y buscado con ahínco detalles escabrosos. Pero en la biografía de María Moliner no los hay, y reinterpretarla puede ser un juego no sólo arriesgado, sino tramposo. No se puede perder de vista. además, el contexto en el que vivió la gran filóloga. En este sentido es un personaje emblemático de la posguerra, un icono del exilio interior. Por lo tanto su vida tiene una tercera dimensión; forma parte de un mundo coral, el de las mujeres que se adelantaron a su tiempo, fueron vencidas y aun así, crearon y renacieron. El título de la biografía es intencionado: "El exilio interior. La vida de María Moliner". Estoy contenta de haber escrito la biografía de una mujer tan poderosa y segura de sí misma y a la vez tan humilde e invisible, y doy por bien empleado todo el tiempo destinado a buscar el rastro de su vida y a husmear en los archivos. Me siento especialmente satisfecha de esas notas y fuentes que he dejado para el final del libro con la intención de escribir su vida con intensidad y sin abrumar al lector. Quien tenga la paciencia y curiosidad de leerlas encontrará algunas claves no explícitas que enmarcan la vida de esta gran mujer.

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