viernes, 5 de diciembre de 2014

"Tertulia", de Ángeles Santos

"Mi alma será un rascacielos, con un enorme ascensor en el centro. Y sabré llenar ese edificio y hacerlo vivir, y yo seré mi mundo". Así pensaba Ángeles cuando era una pintora vanguardista, cuando el mundo y su mundo eran lo mismo y tenía a la intelectualidad modernista y a la generación del 27 expectante alrededor de su obra. Así lo recordó Ramón Gómez de la Serna en 1930 en La Gaceta Literaria en un texto que llevaba este título inquietante: ¨La genial pintora Ángeles Santos, incomunicada en un sanatorio".
¿Qué pasó para que quien iba a ser un rascacielos se quedara sin ganas de escalar? Al padre de la señorita bien que era Ángeles Santos, el exceso de creatividad mental y pictórica de su hija le preocupaba y decidió su ingreso temporal en una clínica para que se sosegara. El sosiego llegó de la mano de la renuncia. Ya no pintaría temas perturbadores y abandonaría los sueños enmarañados del surrealismo. Tampoco volvería a pintar un cuadro tan maravilloso, sugerente e intemporal como Tertulia, ahora en el Museo Nacional Reina Sofía. Y por si fuera poco, por si el pacto familiar que la empujaba a la serenidad, o mejor aún, a la quietud, no hubiera hecho suficiente efecto, vino después el desastre colectivo: el golpe del 36 y la Guerra Civil. Y en lo personal los años de separación de su marido, que permaneció en Francia mientras ella volvió a España cerca de su familia. ¿Qué fue de aquella pintura? Intervalos de silencio seguidos de pintura ornamental y acomodaticia. No pudo ser un rascacielos. O aquella idea se frustró o no recordó que lo había deseado alguna vez.


Arriba "Tertulia". Sobre estas líneas, "Autorretrato"


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