martes, 5 de noviembre de 2013

"Sefarad", Narva, y el maestro Pinillos



José Luis Pinillos es uno de los padres de la psicología moderna en España, junto con Mariano Yela. Ambos tuvieron como maestro a José Germain, impulsor de la psicología experimental en España tras el desastre de la Guerra Civil. Germain, vicedirector de la Escuela de Psicología y Psicotecnia era el eslabón que unía a  los pioneros Gonzalo Rodríguez Lafora y Emilio Mira, condenados al exilio y al ostracismo, y los nuevos investigadores formados en la posguerra: Pinillos, Yela, Siguán...
José Luis Pinillos (1919-2013) nació en Bilbao en el seno de una familia conservadora y en su adolescencia quiso ser escritor. La Guerra Civil modificó estos primeros sueños. Tenía 17 años cuando estalló la contienda, algunos de sus familiares fueron atacados por las milicias populares y él combatió al lado de los insurgentes. Tras la guerra, estudió Filosofía en Zaragoza, pero el clima bélico de la época volvió a atraparle y se enroló en la División Azul. Calaron en él las llamadas de Serrano Súñer y otros dirigentes falangistas para combatir el comunismo y librar de sus garras “a Occidente y al Cristianismo”.
Antonio Muñoz Molina relató en Sefarad cómo aquel soldado español voluntario en la División Azul descubrió en la ciudad báltica de Narva las razones de la hostilidad y desconfianza de la población civil hacia los alemanes. Estando de permiso, en un acto social al que había sido invitado por militares alemanes, él bailó con una hermosa chica pelirroja y esta le confesó el miedo que sentían los vecinos por las atrocidades cometidas. Supo así de las sistemáticas matanzas a judíos y empezó a abrir los ojos. "Había diez mil judíos y solo quedan dos mil", le informó la joven mientras bailaban, vigilada por su amante y dueño, un hombre de negocios que solía quedarse a buen precio con los negocios de los prisioneros judíos y que se prestaba a que los militares lo pasaran bien y bailaran con su querida. La vida de ella misma pendía de un hilo, ya que era también judía, aunque de momento la protegiera aquel hombre.
Probablemente el joven Pinillos que volvió de Alemania no era ya el mismo voluntario que se marchó meses atrás. Nunca olvidaría, le contó a su compañero académico, Muñoz Molina, aquel baile, ni muchos menos a aquella hermosa pelirroja de la que no supo más. Décadas después, aprovechando su viaje a Leningrado para asistir a un Congreso de Psicología, logró acercarse a Narva. Allí estaba el edificio del baile. Ni rastro de ella, claro. Podía ser una anciana cualquiera, podía haber sido una víctima más en aquellos días de hielo y barbarie.
Al regreso de Alemania, Pinillos reanudó Filosofía en Madrid, terminó la carrera en 1946 y obtuvo el doctorado en 1949. Su primer impulso fue orientarse hacia la investigación y buscó horizontes entonces en la psicología. Con este objetivo, amplió estudios en el Psychologisches Institut de la Universidad de Bonn am Rhein en 1949 y fue becario en el departamento de Psicología del Maudsley Hospital de Londres entre 1951 y 1953. En Londres tuvo la oportunidad de estudiar psicología con Eysenck, uno de sus maestros decisivos.



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