El verano es una estación de paso, también en el aspecto espiritual y anímico, Es un tiempo que pasa, diurno, sobre todo cuando las vacaciones giran en torno al sol, al mar y al aire libre. Somos forasteros de un tiempo conocido que inaugura rutinas alternativas a las habituales, pero que finalmente se va. Anoche, frente al mar, pensé que una vez que oscurece, la playa deja de ser en cierto modo playa, paisaje y compañía. "Anochece frente al mar. La hora de la verdad. O de las verdades. Cada uno conoce las suyas. Ya no hay sol. Y no importa. O no debería". Lo escribí en un momento de serenidad, pensando en que una vez que el sol se oculta volvemos a ser lo que somos. No era una observación personal, sino una intuición de que es un fenómeno común. No fue un desfallecimiento, ni una crítica a los placeres y desengaños del verano. El verano nos desnuda, sí, pero también nos ofrece más que lo que representa. Fue tal vez la reivindicación de algo más; de seguir leyendo o escribiendo a pesar del sol, la dispersión y la vagancia.
Tengo algunos libros delante. La correspondencia de Italo Calvino con escritores que le enviaban sus manuscritos, una lectura que inicié el verano pasado y que este terminaré. Tiene indudable interés, y hay cartas de rechazo magistrales, pero también hay interioridades que a veces se nos escapa, porque muchos autores eran a la vez amigos, o rivales...Uno de esos libros que aunque haya tardado en leerlo, lo conservaré como imprescindible. También estoy leyendo a Marsé (Rabos de lagartija) y Cela.(San Camilo, 1936). Dos autores que admiro, aunque no haya conectado con ellos como desearía. Sí, también en verano me pongo tareas y trato de cerrar capítulos como lectora.
martes, 2 de agosto de 2016
lunes, 18 de abril de 2016
Solo hablo de mi biografía...
Paradojas: los cincuenta años de la publicación del Diccionario de María Moliner (el DUE) están contribuyendo de forma indirecta a que se hable de mi biografía sobre la lexicógrafa ("El exilio interior, la vida de María Moliner", Turner, 2011 y 2012). Y también la ópera María Moliner, que acaba de estrenarse en el teatro de la Zarzuela de Madrid. Suelo difundir todo lo que concierne a María Moliner y me he hecho eco de esta ópera, un proyecto del escenógrafo Paco Azorín en el que no participo. Así me lo comentó cuando él y su equipo más estrecho me pidieron una entrevista en 2011 para hablar de María Moliner y comentar algunos episodios de su vida.
En aquel momento me sentía un tanto escéptica ante un proyecto musical tan alejado, en apariencia, de la vida y la peripecia de una mujer estudiosa y tenaz como María Moliner, pero Paco Azorín tenía la determinación de llevarlo a cabo y contaba ya con el compositor, la mezzosoprano y la libretista. Y me he alegrado de que al fin haya salido adelante esta ópera peculiar sobre Moliner que no se sustenta solo en el canto sino en la palabra en todas sus expresiones. Solo el hecho de haberlo intentado y conseguido merece mi felicitación a sus impulsores. Otra cosa es que yo me sienta identificada con el libreto o que recoja de forma literal la información sobre Moliner que yo vierto en mi libro.
Esta mañana me ha sucedido algo curioso: una persona que escribe en prensa -y de la que tengo referencias aunque no la conozca personalmente- me ha mandado un correo diciéndome que había visto la ópera y que quería hacerme una consulta. Me dejaba su teléfono, pero yo no podía llamarla en ese momento, el final de la mañana. No me decía que quería hablar de mi libro ni hacerme una entrevista, sino una consulta, al parecer relacionada con la ópera. Le he respndido que si le venía bien me llamara a primera hora de al tarde. Pero ella no podía a esa hora y me ha hecho una pregunta por correo: si había colaborado con el libreto de la ópera. Y naturalmente le he contestado que no he colaborado en absoluto Una cosa es que se hayan documentado en mi libro sobre Moliner y otra que hayan hecho una traslación de la biografía a la ópera. Son proyectos distintos. Ni siquiera se ha dado una colaboración profesional. Si se tratara de una novela, es decir, una invención del autor, sí sería exigible llegar a un acuerdo y tener en cuenta os derechos de autor. Al tratarse de un ensayo biográfico, la documentación está ahí, al alcance del lector.
En consecuencia, no soy ni autora ni coautora del libreto, y así se lo he contestado a quién me hacía esa consulta (que luego he visto publicada en un blog): "No he colaborado en el libreto para nada. Simplemente el proyecto de Paco Azorín, el director de escena, surgió después de publicar yo "El exilio interior, la vida de María Moliner" y él y su equipo se lo leyeron para documentarse. Es decir, la ópera no se basa en mi biografía de forma fiel, solo han tomado datos de la vida de Moliner para ofrecer su visión y realizar su propio montaje".
En aquel momento me sentía un tanto escéptica ante un proyecto musical tan alejado, en apariencia, de la vida y la peripecia de una mujer estudiosa y tenaz como María Moliner, pero Paco Azorín tenía la determinación de llevarlo a cabo y contaba ya con el compositor, la mezzosoprano y la libretista. Y me he alegrado de que al fin haya salido adelante esta ópera peculiar sobre Moliner que no se sustenta solo en el canto sino en la palabra en todas sus expresiones. Solo el hecho de haberlo intentado y conseguido merece mi felicitación a sus impulsores. Otra cosa es que yo me sienta identificada con el libreto o que recoja de forma literal la información sobre Moliner que yo vierto en mi libro.
Esta mañana me ha sucedido algo curioso: una persona que escribe en prensa -y de la que tengo referencias aunque no la conozca personalmente- me ha mandado un correo diciéndome que había visto la ópera y que quería hacerme una consulta. Me dejaba su teléfono, pero yo no podía llamarla en ese momento, el final de la mañana. No me decía que quería hablar de mi libro ni hacerme una entrevista, sino una consulta, al parecer relacionada con la ópera. Le he respndido que si le venía bien me llamara a primera hora de al tarde. Pero ella no podía a esa hora y me ha hecho una pregunta por correo: si había colaborado con el libreto de la ópera. Y naturalmente le he contestado que no he colaborado en absoluto Una cosa es que se hayan documentado en mi libro sobre Moliner y otra que hayan hecho una traslación de la biografía a la ópera. Son proyectos distintos. Ni siquiera se ha dado una colaboración profesional. Si se tratara de una novela, es decir, una invención del autor, sí sería exigible llegar a un acuerdo y tener en cuenta os derechos de autor. Al tratarse de un ensayo biográfico, la documentación está ahí, al alcance del lector.
En consecuencia, no soy ni autora ni coautora del libreto, y así se lo he contestado a quién me hacía esa consulta (que luego he visto publicada en un blog): "No he colaborado en el libreto para nada. Simplemente el proyecto de Paco Azorín, el director de escena, surgió después de publicar yo "El exilio interior, la vida de María Moliner" y él y su equipo se lo leyeron para documentarse. Es decir, la ópera no se basa en mi biografía de forma fiel, solo han tomado datos de la vida de Moliner para ofrecer su visión y realizar su propio montaje".
viernes, 19 de febrero de 2016
Cincuenta años ya del Diccionario de Uso del Español, conocido como "el María Moliner"
Cincuenta años ya. María Moliner publicó el primer tomo de los dos volúmenes de que consta su Diccionario en 1966. El segundo en 1967. La lexicógrafa tardó unos quince años en terminar su gran obra. Un Diccionario de Uso del español (DUE) que define de nueva planta las entradas más obsoletas del DRAE, el diccionario normativo. Nunca se le agradecerá lo bastante a María Moliner esta obra titánica realizada en solitario y, en los años finales, con la ayuda de unas pocas colaboradoras que realizaron tareas auxiliares o de revisión de lo avanzado.
Los periódicos regionales del grupo Vocento se han hecho eco el 17 de febrero de este aniversario y han publicado un reportaje sobre María Moliner firmado por Inés Gallastegui con un título que alude al número de entradas del DUE:
http://www.ideal.es/sociedad/201602/20/mujer-palabras-20160218104115.html
En el texto se menciona mi biografía sobre la lexicógrafa, "El exilio interior: la vida de María Moliner"(Turner, edición impresa y digital) y se alude a la conversación que mantuvo la autora del reportaje con quien esto escribe. Bienvenido sea este reportaje. Es de justicia reconocer -seguir reconociendo- la figura de Moliner, aunque por fortuna ya no sea esa desconocida que era hasta hace pocos años. Hay dos frases de María Moliner recogidas en el reportaje que pueden sorprender al lector si se abstraen de la personalidad de la lexicógrafa: una mujer de gran ambición intelectual pero al mismo tiempo discreta y educada para no destacar. Una aparente contradicción que ya hace vislumbrar la complejidad de la personalidad de María Moliner. En un destacado del reportaje se cita su reacción al saber que no había entrado en la RAE, como si en el fondo se alegrara: "¿Qué podría decir yo si en toda mi vida no he hecho más que coser calcetines?" Se trata de una frase que solo se puede entender desde la ironía o la retranca. O bien Moliner estaba contestando a algún comentario concreto que había escuchado esos días o no se comprende ese ataque de humildad. No era cierto, además: era bibliotecaria por oposición y había tenido puestos de responsabilidad antes de la llegada al poder de Franco. Era la autora de una gran Diccionario...Tenía ayuda doméstica en casa...Sí, había cosido los calcetines de sus hijos, como muchas madres de la época -una imagen muy de posguerra-, pero reducirlo a eso no tenía sentido. A no ser que se escudara en esa frase para insinuar que a ella la Real Academia ni le iba ni le venía, que pasaba de sus pompas porque seguía siendo ella misma. Para algunos solo una mujer recoleta, tal vez un ama de casa...Para los que sabían, una investigadora rigurosa, una estudiosa de las palabras. Lo que está claro es que María Moliner encontró dos escollos para entrar en la RAE: a) era una "intrusa", ya que había emprendido la renovación del DRAE por su cuenta y riesgo, y ella sola; b) era mujer, y hasta entonces (véase el rechazo a Gertrudis Gómez de Avellaneda y a Emilia Pardo Bazán) su ingreso estaba vetado (por principio) y de facto, aunque esto último estaba a punto de cambiar.
Sinceramente, creo que a María Moliner sí le hizo ilusión que un grupo de académicos liderados por su fiel amigo Rafael Lapesa promoviera su candidatura, aunque supusiera un revuelo en su vida y le obligara a hacer campaña, algo que no iba mucho con ella. Que no la eligieran fue una decepción, sin duda. Pero en seguida lo superó, lo archivó y lo olvidó. María Moliner tenía una capacidad de resistencia automática. Lo que no alcanzaba lo dejaba marchar.
Otra frase de Moliner muy repetida que se interpreta de forma equívoca es su afirmación, al presentar su candidatura a la RAE: "Mi obra es, limpiamente, el Diccionario". Y tanto. ¿Qué más se podía añadir a una obra monumental como el DUE? La frase no hay que entenderla esta vez como una expresión de modestia, sino como una verdad sin adornos. El Diccionario era su orgullo. Otros candidatos tal vez presentaron un largo currículo y listado de méritos. Ella también los tenía. Pero si se trataba de entrar en la Real Academia, ¿había algo más importante que poner sobre la mesa un Diccionario? De hecho la lexicógrafa también comenta en una entrevista que si se hubiera tratado de que entrara en la RAE un filósofo ella se habrá echado a un lado, pero si el autor del Diccionario hubiera sido un hombre, se habría preguntado: "Y ese hombre, ¿cómo es que que no está en la Academia?"
f
Los periódicos regionales del grupo Vocento se han hecho eco el 17 de febrero de este aniversario y han publicado un reportaje sobre María Moliner firmado por Inés Gallastegui con un título que alude al número de entradas del DUE:
http://www.ideal.es/sociedad/201602/20/mujer-palabras-20160218104115.html
En el texto se menciona mi biografía sobre la lexicógrafa, "El exilio interior: la vida de María Moliner"(Turner, edición impresa y digital) y se alude a la conversación que mantuvo la autora del reportaje con quien esto escribe. Bienvenido sea este reportaje. Es de justicia reconocer -seguir reconociendo- la figura de Moliner, aunque por fortuna ya no sea esa desconocida que era hasta hace pocos años. Hay dos frases de María Moliner recogidas en el reportaje que pueden sorprender al lector si se abstraen de la personalidad de la lexicógrafa: una mujer de gran ambición intelectual pero al mismo tiempo discreta y educada para no destacar. Una aparente contradicción que ya hace vislumbrar la complejidad de la personalidad de María Moliner. En un destacado del reportaje se cita su reacción al saber que no había entrado en la RAE, como si en el fondo se alegrara: "¿Qué podría decir yo si en toda mi vida no he hecho más que coser calcetines?" Se trata de una frase que solo se puede entender desde la ironía o la retranca. O bien Moliner estaba contestando a algún comentario concreto que había escuchado esos días o no se comprende ese ataque de humildad. No era cierto, además: era bibliotecaria por oposición y había tenido puestos de responsabilidad antes de la llegada al poder de Franco. Era la autora de una gran Diccionario...Tenía ayuda doméstica en casa...Sí, había cosido los calcetines de sus hijos, como muchas madres de la época -una imagen muy de posguerra-, pero reducirlo a eso no tenía sentido. A no ser que se escudara en esa frase para insinuar que a ella la Real Academia ni le iba ni le venía, que pasaba de sus pompas porque seguía siendo ella misma. Para algunos solo una mujer recoleta, tal vez un ama de casa...Para los que sabían, una investigadora rigurosa, una estudiosa de las palabras. Lo que está claro es que María Moliner encontró dos escollos para entrar en la RAE: a) era una "intrusa", ya que había emprendido la renovación del DRAE por su cuenta y riesgo, y ella sola; b) era mujer, y hasta entonces (véase el rechazo a Gertrudis Gómez de Avellaneda y a Emilia Pardo Bazán) su ingreso estaba vetado (por principio) y de facto, aunque esto último estaba a punto de cambiar.
Sinceramente, creo que a María Moliner sí le hizo ilusión que un grupo de académicos liderados por su fiel amigo Rafael Lapesa promoviera su candidatura, aunque supusiera un revuelo en su vida y le obligara a hacer campaña, algo que no iba mucho con ella. Que no la eligieran fue una decepción, sin duda. Pero en seguida lo superó, lo archivó y lo olvidó. María Moliner tenía una capacidad de resistencia automática. Lo que no alcanzaba lo dejaba marchar.
Otra frase de Moliner muy repetida que se interpreta de forma equívoca es su afirmación, al presentar su candidatura a la RAE: "Mi obra es, limpiamente, el Diccionario". Y tanto. ¿Qué más se podía añadir a una obra monumental como el DUE? La frase no hay que entenderla esta vez como una expresión de modestia, sino como una verdad sin adornos. El Diccionario era su orgullo. Otros candidatos tal vez presentaron un largo currículo y listado de méritos. Ella también los tenía. Pero si se trataba de entrar en la Real Academia, ¿había algo más importante que poner sobre la mesa un Diccionario? De hecho la lexicógrafa también comenta en una entrevista que si se hubiera tratado de que entrara en la RAE un filósofo ella se habrá echado a un lado, pero si el autor del Diccionario hubiera sido un hombre, se habría preguntado: "Y ese hombre, ¿cómo es que que no está en la Academia?"
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lunes, 16 de noviembre de 2015
La ópera María Moliner
"Estando yo solita una tarde..." Así narró María Moliner la decisión de abordar un Diccionario (el Diccionario de Uso del español, DUE) una tarde en la que se dio cuenta que tenía cincuenta y dos años y un deseo grande de hacer algo más que ser bibliotecaria en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Madrid. Haría el Diccionario que faltaba, el que hubiera querido encontrar cuando consultaba el DRAE y solo encontraba y vocablos sin definir que remitían a otros, los círculos viciosos.
Paco Azorín, el director de escena de la ópera de María Moliner que se estrenará en 2016, encontró en una librería en 2011 "El exilio interiór. La vida de María Moliner" (Turner), lo leyó y pensó que Moliner era una desconocida que merecía, como mínimo, una ópera. Se puso en marcha y, como se lee en el Heraldo, la ópera ya está programada en La Zarzuela para abril de 2016.
http://www.heraldo.es/noticias/heraldo_premium/cultura_ocio/2015/11/14/el_teatro_zarzuela_estrenara_abril_opera_sobre_vida_maria_moliner_629954_2091033.html
Paco Azorín, el director de escena de la ópera de María Moliner que se estrenará en 2016, encontró en una librería en 2011 "El exilio interiór. La vida de María Moliner" (Turner), lo leyó y pensó que Moliner era una desconocida que merecía, como mínimo, una ópera. Se puso en marcha y, como se lee en el Heraldo, la ópera ya está programada en La Zarzuela para abril de 2016.
http://www.heraldo.es/noticias/heraldo_premium/cultura_ocio/2015/11/14/el_teatro_zarzuela_estrenara_abril_opera_sobre_vida_maria_moliner_629954_2091033.html
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lunes, 9 de noviembre de 2015
Zenobia Camprubí hizo (casi) todo lo que quiso
Cuando leí los Diarios de Zenobia Camprubí descubrí una mujer diferente a la que tenía entonces en el imaginario. Es cierto que su vida con Juan Ramón no fue fácil y que le restó tiempo y energía para hacer todo lo que le apetecía y necesitaba hacer. Pero no lo vivió como una condena -sí como una carga a veces- ni como una merma de libertad. Por eso, al escribir mi semblanza de Zenobia Camprubí -incluida en Las republicanas "burguesas"(Punto de Vista Editores/Sílex)-, expresé mi discrepancia con ese idea agorera y fatalista que presentaba a la esposa del poeta como una víctima. He escuchado y leído muchas veces que Zenobia fue sumisa y que Juan Ramón le impidió realizarse. No es cierto, tal como están corroborando las nuevas publicaciones sobre la vida y obra de Camprubí. La profesora Emilia Cortés lleva años investigando y editando la correspondencia de Zenobia y asegura, con el conocimiento que tiene de ella, que hizo lo que quiso con su vida. Y así fue, en cierto modo.
Era consciente de que podía haber hecho una obra propia -y en parte la llevó a cabo como traductora y escritora de textos propios-, pero en realidad sus intereses eran múltiples y no estaba en su meta abordar una obra propia de envergadura. El mundo de Juan Ramón era su mundo, no un peso muerto ni un universo extraño. Otras amigas suyas comprometidas con la educación y los derechos de la mujer, como Isabel Oyarzábal, gozaron de mayor libertad para desarrollar sus propios talentos. Oyarzábal, otra de las republicanas "burguesas", compaginó su labor de periodista y narradora con sus inquietudes políticas y sociales, aunque no llegara a ser una gran escritora. Camprubí siguió otro camino, y siendo práctica y emprendedora como era, fue traductora, colaboradora de Juan Ramón, mujer de negocios -en su tienda de Arte popular dio trabajo a Constancia de la Mora en una época en la que las señoras bien no trabajaban- y colaboradora de múltiples causas sociales. Renunció a desarrollar sus talentos al cien por cien, pero fue una renuncia consciente de todo lo que ganaba al lado de Juan Ramón. Fue su elección, una opción muy alejada del papel tradicional de esposa de escritor anulada -y obnubilada- por la celebridad del marido.
En la presentación de Las republicanas "burguesas", la escritora Laura Freixas comentó con agudeza, que le sorprendía que Zenobia Camprubí no hubiera hecho autocrítica ni se lamentara ni un segundo de haber perdido quizás sus propias oportunidades por facilitar la creación de Juan Ramón. Carmen Baroja, por el contrario, sí manifestó en sus memorias su malestar y hasta amargura por no haber podido dedicarse al arte y la literatura como sus hermanos varones. Pero sus trayectorias no son iguales. Zenobia no se lamentaba de su vida porque había intentado siempre vivirla plenamente. Carmen Baroja, por el contrario, hubiera querido vivir otra vida. Ahí residía la diferencia.
No obstante, no sería lógico dar la vuelta a la tortilla y convertir a Zenobia en un icono del feminismo y de la liberación de la mujer, y menos aún trasladar su modelo a estos tiempos. Fue una adelantada a su tiempo, sí, y su vida fue en cierto modo privilegiada, pero no es un modelo universal a seguir. No en nuestro tiempo.
Era consciente de que podía haber hecho una obra propia -y en parte la llevó a cabo como traductora y escritora de textos propios-, pero en realidad sus intereses eran múltiples y no estaba en su meta abordar una obra propia de envergadura. El mundo de Juan Ramón era su mundo, no un peso muerto ni un universo extraño. Otras amigas suyas comprometidas con la educación y los derechos de la mujer, como Isabel Oyarzábal, gozaron de mayor libertad para desarrollar sus propios talentos. Oyarzábal, otra de las republicanas "burguesas", compaginó su labor de periodista y narradora con sus inquietudes políticas y sociales, aunque no llegara a ser una gran escritora. Camprubí siguió otro camino, y siendo práctica y emprendedora como era, fue traductora, colaboradora de Juan Ramón, mujer de negocios -en su tienda de Arte popular dio trabajo a Constancia de la Mora en una época en la que las señoras bien no trabajaban- y colaboradora de múltiples causas sociales. Renunció a desarrollar sus talentos al cien por cien, pero fue una renuncia consciente de todo lo que ganaba al lado de Juan Ramón. Fue su elección, una opción muy alejada del papel tradicional de esposa de escritor anulada -y obnubilada- por la celebridad del marido.
En la presentación de Las republicanas "burguesas", la escritora Laura Freixas comentó con agudeza, que le sorprendía que Zenobia Camprubí no hubiera hecho autocrítica ni se lamentara ni un segundo de haber perdido quizás sus propias oportunidades por facilitar la creación de Juan Ramón. Carmen Baroja, por el contrario, sí manifestó en sus memorias su malestar y hasta amargura por no haber podido dedicarse al arte y la literatura como sus hermanos varones. Pero sus trayectorias no son iguales. Zenobia no se lamentaba de su vida porque había intentado siempre vivirla plenamente. Carmen Baroja, por el contrario, hubiera querido vivir otra vida. Ahí residía la diferencia.
No obstante, no sería lógico dar la vuelta a la tortilla y convertir a Zenobia en un icono del feminismo y de la liberación de la mujer, y menos aún trasladar su modelo a estos tiempos. Fue una adelantada a su tiempo, sí, y su vida fue en cierto modo privilegiada, pero no es un modelo universal a seguir. No en nuestro tiempo.
sábado, 26 de septiembre de 2015
La figura de Manuel Batolomé Cossío en su correspondencia
La reciente publicación de Manuel B.Cossío a través de su correspondencia, 1879-1934, de Ana María Arias de Cossío y Covadonga López Alonso, rescata un tiempo histórico en el que este gran pedadogo y continuador de la obra de Francisco Giner de los Ríos fue una figura clave.
Adjunto un enlace del video de la presentación del libro en junio de este año en la Residencia de Estudiantes, con la intervención de las autoras. La obra, como explicó Ana María Arias de Cossío, nació al entregarle su tía Natalia Cossío esta ingente correspondencia para que la estudiara y la editara tras suprimir algunos párrafos de carácter íntimo. Un gran testimonio del creador de las Misiones Pedagógicas, con su excelente cosecha de bibliotecas rurales, algunas de ellas puestas en marcha por María Moliner. sin olvidar en medio de tantas empresas intelectuales, su dedicación al estudio de la pintura y en particular a la obra de El Greco, de quien era un gran experto.
http://www.edaddeplata.org/edaddeplata/Actividades/actos/visualizador.jsp?tipo=2&orden=0&acto=6209.
Adjunto un enlace del video de la presentación del libro en junio de este año en la Residencia de Estudiantes, con la intervención de las autoras. La obra, como explicó Ana María Arias de Cossío, nació al entregarle su tía Natalia Cossío esta ingente correspondencia para que la estudiara y la editara tras suprimir algunos párrafos de carácter íntimo. Un gran testimonio del creador de las Misiones Pedagógicas, con su excelente cosecha de bibliotecas rurales, algunas de ellas puestas en marcha por María Moliner. sin olvidar en medio de tantas empresas intelectuales, su dedicación al estudio de la pintura y en particular a la obra de El Greco, de quien era un gran experto.
http://www.edaddeplata.org/edaddeplata/Actividades/actos/visualizador.jsp?tipo=2&orden=0&acto=6209.
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Enseñanza,
Instittución Libre de Enseñanza,
Manuel B. Cossío
lunes, 7 de septiembre de 2015
La ópera María Moliner en la primavera de 2016
El director de escena Paco Azorín, en una entrevista para Elconfidencial en la que hablaba ayer de sus próximo proyectos musicales y su interés por la ópera y la zarzuela, explica el atrevimiento que le llevó a crear la ópera María Moliner. Esta ópera se estrenará en el teatro de La Zarzuela de Madrid en la primavera de 2016.
Así explica la génesis de su proyecto:
"Un buen día doy con una biografía de Inmaculada de la Fuente sobre el personaje. Sabía muy poco de María Moliner. Sabía, como todo el mundo, que era la autora de un diccionario. Siempre la tenía en la estantería: María Moliner en dos tomos. Descubrí que hay un personaje fascinante detrás y muy representativo del siglo XX. Un siglo que ha tenido dos guerras mundiales, una Guerra Civil en España tan dura que sufrió en carne propia… Me dio la sensación de que ahí estaba la vida de una mujer completamente apasionante y desconocida. Supongo que por eso me entró la necesidad de reivindicar esos personajes tan maravillosos del siglo XX que han quedado eclipsados, sobre todo si hablamos de mujeres.
Así explica la génesis de su proyecto:
"Un buen día doy con una biografía de Inmaculada de la Fuente sobre el personaje. Sabía muy poco de María Moliner. Sabía, como todo el mundo, que era la autora de un diccionario. Siempre la tenía en la estantería: María Moliner en dos tomos. Descubrí que hay un personaje fascinante detrás y muy representativo del siglo XX. Un siglo que ha tenido dos guerras mundiales, una Guerra Civil en España tan dura que sufrió en carne propia… Me dio la sensación de que ahí estaba la vida de una mujer completamente apasionante y desconocida. Supongo que por eso me entró la necesidad de reivindicar esos personajes tan maravillosos del siglo XX que han quedado eclipsados, sobre todo si hablamos de mujeres.
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