domingo, 27 de junio de 2010

Pessoa, Canetti, Zambrano, Nemirovsky


Fernando Pessoa, Clarice Lispector, Katherine Mansfield, Fante, Elias Canetti. Los tengo cerca, basta extender el brazo. Y no tan lejos Nemirovsky, Duras, Zambrano, Jhumpa Lahiri... ¿Puede sentirse alguien más acompañado, sobre todo si ese alguien ama la lectura?

domingo, 6 de junio de 2010

"El viaje divertido" de Carmen Laforet


¿Por qué se tiende a deducir que una creadora que abandona su actividad o que desarrolla una obra limitada no tenía en realidad talento? Y, por el contrario, si es un creador, se explica que no tenía más que decir o incluso que cayó en el abismo pero nunca se discute su valía, y se le sigue considerando un genio o un autor de culto?


La editorial Menoscuarto ha reunido ahora un conjunto de novelas cortas de Carmen Laforet que y habían sido publicadas en anteriores ediciones. Son historias de los años cincuenta y en ellas se respira el olor a hollín y las carencias económicas de la época. "El viaje divertido" es la más lograda, la que mejor retiene y hereda el estilo sugerente y contenido de "NADA". Son estimables también "La llamada", "Los emplazados" (en la misma línea intensa que la anterior a pesar de su comienzo humorístico), El noviazgo (lleno de sutilezas psicológicas) y "La Niña".

jueves, 6 de mayo de 2010

¿Tiempo de silencio?



Estoy leyendo una biografía del autor de Tiempo de silencio , el escritor Luis Martín-Santos y algunas páginas resultan apasionantes. El biógrafo ha elegido un estilo ágil en el que va trufando opiniones y testimomios de gente que le conoció. Es decir, más que una elaboración del personaje, lo que nos da es un conjunto de facetas, un personaje poliédrico. Hoy he llegado al momento en que se recoge el testimonio de una amiga íntima que le conocía desde la adolescencia. Y ella misma explica que precisamente por conocerle tan bien, era la menos indicada para desvelar ese saber, esa intimidad. Y le muestra al autor de la biografía, José Lázaro, uno de los cuadernos íntimos que conserva de Martín-Santos. Lo primero que se lee es esta advertencia: "Se ruega, si alguien llega a cogerlo, que tenga la honradez de no leerlo". Pues eso. No siempre se puede contar o se debe contar todo lo que sabe.
En periodismo, y cuando se trata de una información relevante de un personaje público, sí que es lícito contar lo que se sabe, con respeto, desde luego. Pero en literatura, o cuando se realiza una biografía, ¿hasta dónde se puede desvelar la intimidad del biografiado? Es complejo, sin duda. En una biografía se debe intentar llegar hasta el fondo, pero hay, claro está, algunos límites, como no detenerse en los detalles secundarios que, sin embargo, resultan hirientes. Además, hay personajes y personajes: no todos aman por igual la desmitificación y el escándalo. ¿Tiempo de silencio? No, ese pasado gris quedó atrás, por fortuna. El riesgo es ahora el opuesto: hablar demasiado.

Carmen Laforet, por ejemplol era muy secreta, y por tanto su existencia fue discreta de puertas para afuera. Se atribuye a Laforet un misterio para explicar su huida de la escritura, ese momento en que escribir era un suplicio. Ese misterio, como tal, no existe, aunque ella sí era misteriosa y secreta. Se bloqueó porque eran muchas las contradicciones que había asumido y no podía darles salida literaria. Ser ágrafa, vagabundear y dejar de escribir, fue un alivio. Todos sabemos a cierta edad que tenemos que jugar con las cartas que tenemos, y no con las que soñamos. Laforet lo supo y como escribió a Josefina Aldecoa, en un momento dado prefirió ser lectora y posponer o abandonar la escritura. Estaba en su derecho.

martes, 27 de abril de 2010

De visita por la web oficial de Carmen Laforet



He descubierto hoy en una de mis exploraciones online la página oficial de Carmen Laforet. Buena iniciativa. No sé desde cuando está en la red, pero algunos epígrafes están en construcción y desearía ver crecer esa página. En ella encuentro, junto a fotos de Laforet, una de su madre, Teodora, que tanto marcó su vida con su ausencia (falleció cuando Carmen tenía 13 años)y otra de sus abuelos maternos, los de la calle Aribau, el escenario familiar que sirvió a la escritora para situar Nada. Una novela en la que Carmen Lafort no sólo adoptó el papel de narradora sino de observadora, un doble punto de vista que le permitió acertar de forma plena. A partir de ahí llegó el éxito inesperado y no digerido: Nada pasó de ser una obra honda y fluida a convertirse en un fardo, ya que la autora no volvió a gozar de tanta libertad para crear. Y al mismo tiempo nunca supo gestionar su popularidad ante los medios. ¿Se atrevería hoy Carmen Laforet a estar en Facebook?

La página principal (http://www.carmenlaforet.com) se abre con esta observación de la autora: "Si uno es escritor, escribe siempre, aunque no quiera hacerlo, aunque trate de escapar a esa dudosa gloria y a ese sufrimiento real que se merece por seguir una vocación."

domingo, 25 de abril de 2010

Lo que leo, lo que quisiera leer


Leemos porque no podemos evitarlo, es decir porque nos gusta. Es imposible leerlo todo, y más en estos tiempos en que se puede estar leyendo por placer, o por trabajo, o en función de algún interés. Además de algunos ensayos, estoy leyendo Quemar los días, de Salter, y Tierra desacostumbrada(difícil traducción) de Jhumpa Lahiri. Y quisiera leer Dublinesca (Vila-Matas) y Verano de mi admirado Coetze. Ya veremos, porque a veces el azar y la escasez de tiempo se cuela en tus propósitos.


LA PROSA DIARIA. Estoy bastante de acuerdo con el artículo de Andrés Trapiello en EL PAÍS de hoy. Es triste que, a pesar de la transición y de la ley de Annistía del 77, no se haya realizado aún una catarsis para integrar a todas las víctimas de la Guerra Civil en unas solas víctimas de la barbarie y la insensatez nacional. Me refiero a las víctimas que cayeron en el campo de los sublevados y vencedores y las que combatieron o defendieron la legalidad republicana y que aún no han sido reconocidas ni enterradas de forma piadosa. Es increíble que haya quien se moleste porque haya familiares pidiendo un entierro digno (cuando se pida por la familia y sea posible) y es indignante que se diga que hubo víctimas (y verdugos) en ambos lados no para apiadarse de todos sino para justificar que no se honre a las víctimas de la República. La Iglesia (jerarquía) y la derecha no franquista tendrían que haber liderado junto con la izquierda este reconocimiento de todas las víctimas que una un poco aguada Ley de la Memoria histórica intenta llevar a cabo a una velocidad tan lenta como irritante.
Por otra parte, no hay que olvidar que tras la victoria, el régimen siguió persiguiendo, encarcelando, condenando sin garantías e incluso matando a gente diversa sólo por haber apoyado la legalidad republicana o por no haberse sumado a los sublevados (que por cierto se rebelaron contra las libertades y la legalidad vigente). Necesitamos mirar con serenidad a nuestra historia y con humanidad y comprensión a la locura de nuestros antepasados(y el sufrimiento que generaron en quienes no quisieron la guerra y la padecieron)

sábado, 3 de abril de 2010

Ante todo, una estrella y un barco

Un buen barco y una estrella para guiarlo. Lo pidió K. Mansfield y me lo pido hoy yo también. No siempre los buenos barcos y las estrellas coinciden...
Recuerdo, además, que K. Mansfield es una escritora que ilumina, que incita a escribir a quienes ya lo hacen o quieren hacerlo. Clarice Lispector también. Y en otra medida y dimensión Enrique Vila-Matas...
David Grossman es otro de los autores contemporáneos con un universo literario esclarecedor. Además, comprometido con su tiempo. No es de los que preconizan la guerra para ir a la paz. La paz la quiere ahora para que el presente no sea un infierno que imposibilite además el futuro.

martes, 23 de marzo de 2010

¿Quién fue Antonio Rodríguez Moñino?

Centenario de Antonio Rodríguez Moñino, mecenas que en la posguerra facilitó que publicaran relatos escritores como Alcolea, Rafael Sánchez Ferlosio y C. Martín Gaite. Y amigo de gente que hablaba poco y hacía mucho, como María Moliner.