sábado, 27 de julio de 2024

Margarita Nelken, las claves que la avalan como traductora de Franz Kafka en 1925


 En 1925, Revista de Occidente publicó la traducción de La metamorfosis en castellano. Sin firma del traductor, algo en lo que apenas repararon entonces. Lo relevante es que un año después de la muerte del escritor, llegaba la primera traducción en castellano. Un hito literario. Ya se ha contado que se atribuyó la traducción a Jorge Luis Borges, pero su versión, que incluye además unos cuentos, es de 1938. O a Ramón María Tenreiro, habitual traductor de alemán. Pero no el único. Aunque en la traducción de 1925 se encuentran giros estilísticos que pudieran ser de Tenreiro, otros especialistas, como la catedrática Elisa Martínez Salazar, consideran que eran expresiones propias de la época que no excluyen a Nelken como traductora, y más cuando ella misma se atribuye en 1964  esta traducción en su currículo. 



No solo ella. Otros estudiosos han escrito sobre el tema. Trinidad Barbero, en su tesis sobre Nelken, señala que el filósofo Manuel García Morente, habitual traductor de pensadores alemanes al español, encargó a Nelken la versión castellana de La metamorfosis. Aunque queda por saber si lo tradujo directamente del alemán o cotejó también la versión en lengua francesa (titulada La metamorphose). La germanista Cristina Pestaña, analizó la segunda versión de La metamorfosis publicada en 1945 en la editorial de Revista de Occidente, la indagación la llevó a la primera de 1925. Comparándolas, escribió un artículo en 1999 que la condujo a poner en el mapa a Nelken. La investigadora Josebe Martínez también había tratado este asunto. 

Todos los caminos llevan a Margarita Nelken, la gran crítica y erudita de arte con obra literaria y social que incluye traducciones y biografías. Viajera, cosmopolita, exiliada, además de haber ido tres veces diputada durante la Segunda República.  




sábado, 13 de julio de 2024

Margarita Nelken, primera embajadora [y muy probable traductora] de La Metamorfosis de Kafka en castellano

Margarita Nelken, brillante crítica de arte, articulista y escritora precoz y prolífica, tradujo la versión al castellano de La metamorfosis de Kafka publicada en 1925 en Revista de Occidente. La traducción no llevaba firma. Este vacío ha llevado muy lejos las especulaciones sobre la identidad del traductor, a pesar de que estaba muy cerca. Cosmopolita, políglota, traductora de otras obras del alemán, lengua que conocía, Margarita Nelken, hija de padres y antepasados judíos y muy atenta a lo que sucedía en Centroeuropa, era una candidata idónea. Pero a la hora de atribuir la autoría de la traducción, los especialistas la obviaron y llegaron a adjudicarla primero a Jorge Luis Borges -que al ser preguntado lo negó- y luego a Ramón María Tenreiro. En este caso por dos razones: por ser traductor de alemán y haber sido el primer reseñista de Kafka en Revista de Occidente. Muy plausible, pero no verificado. 

Cuando publiqué mi último libro de biografías "Inspiración y talento. Dieciséis mujeres del siglo XX" (Punto de Vista Editores, 2020), incluí a Margarita Nelken. En las páginas que le dediqué aludí a este asunto de forma concisa, pero de acuerdo con la documentación manejada, escribí que tradujo la versión en castellano de La metamorfosis publicada en  Revista de Occidente. 




Hace unos días asistí a la presentación del reciente número de Revista de Occidente dedicado a Kafka en la Fundación Ortega-Marañón,  En las paredes de la sala de exposiciones de esta institución aparecían las portadas de esta revista emblemática correspondientes a su segunda época (desde los años sesenta) y fotos de algunos de sus principales colaboradores de la primera época. Entre ellos Rosa Chacel, García Lorca, María Zambrano o José Gaos. Rodeados de las imágenes de algunos de los principales creadores de la Edad de la Plata transcurría la presentación cuando el profesor Fernando Castro Flórez sacó a la luz la relación de Nelken y La metamorfosis. Sus palabras resonaron en mis oídos. Aunque se haya dado por hecho que el traductor fue Ramón María Tenreiro en algún momento se tendrá que aceptar que hay pruebas que acreditan la autoría de Margarita Nelken. Ella misma se la atribuyó en una carta en la que desarrollaba su currículo. 

La profesora de la Universidad de Zaragoza Elisa Martínez Salazar ha estudiado a fondo el asunto y es contundente. Los hechos avalan a Nelken. Recientemente Martínez Salazar ha publicado un texto en este sentido en Letras Libres. No será el último. Muy pronto, Revista de Occidente tendrá en cuenta sus tesis y cotejará en sus páginas los argumentos a favor de Tenreiro a día de hoy y los que avalan a Nelken, figura poliédrica e incansable a la que se le acabará haciendo justicia, es de esperar, en esta pequeña pero no por ello menor parcela de su variada producción.



                 

martes, 9 de julio de 2024

"Blancura" y "De bestias y aves": Dos alegorías, una luz enigmática y un final oscuro

Leí hace más de un año "De bestias y aves", de Pilar Adón, una novela compleja, alegórica, en la frontera de lo real y lo irreal. El personaje central que vive o sueña la trama parte de una situación que parece cotidiana, alejarse en su propio coche de un hábitat que le resulta incómodo o la altera a un mundo desconocido, inesperado, incontrolable y confuso. Es el azar, en apariencia, quien la lleva, tras perderse, a un lugar aislado sin salida en el que, al pedir ayuda para dar la vuelta al coche, se tropieza con unas extrañas mujeres que la arrastran a una atmósfera asfixiante e incomprensible. No se sabe si funcionan como una secta o una colmena, pero se sentirá presa en este mundo paralelo al que conoce con una organización jerárquica y una arquitectura inquietante al que no podrá o sabrá oponerse. 


Hace muy poco he leído el relato o novela corta "Blancura", de Jon Fosse y, siendo muy diferente, su comienzo me ha recordado a la novela de Pilar Adón. Solo en el comienzo. El arranque es muy similar: un hombre del que apenas se sabe nada, pero que vive solo, siente el peso del aburrimiento o la soledad y decide conducir su coche sin rumbo fijo. Atraviesa una carretera y vislumbra algunas casas pero gira en función del azar del momento, sin buscar nada. Hasta que llega a una calle inhóspita y sin salida en el que el coche se cala y se  pega al terreno y no puede moverlo. Aquí no hay nadie alrededor. De frente solo está la entrada a un bosque aún más aislado. La otra alternativa, deshacer el camino andando hasta pedir ayuda para mover al coche, le parece poco práctica, pues no sabe la distancia a recorrer hasta dar con la carretera principal o con las escasas viviendas que recuerda. Se pone a nevar, además, y la atmósfera se oscurece. En el coche hay calefacción pero el dilema de buscar una salida le lleva a salir e internarse en el bosque enmarañado. 

Supongo que no serán los únicos autores que han partido de esta situación cotidiana y sin ningún atisbo inicial inquietante (dar vueltas con el coche como distracción o evasión) para caer en el sinsentido y en el agujero oscuro de la noche y la fragilidad, hasta rozar la pesadilla. A partir de este comienzo, el desarrollo de "Blancura" y "De bestias y aves" no puede ser más diferente. En "Blancura", es el monólogo interior del personaje principal y prácticamente único, el que lleva el peso de la narración. De un modo enigmático, el protagonista acepta mimetizarse con el bosque y a pesar de su oscuridad y de que tal vez más que una opción haya elegido la nada, el vacío o la soledad desnuda descubre una luz resplandeciente, poética, ineludible. Vuelve a su infancia, a la evocación de sus padres, que vislumbra como criaturas reales o simbólicas, y se dirige a su destino. Es la historia de una transición o una mudanza a lo desconocido, a una mudanza de vida que dada su brevedad permite al lector acompañarlo en ese viaje, quizás final.

Más capas y claves tiene "De bestias y aves". El recuerdo de su hermana fallecida y el remordimiento termina siendo el único eslabón que mueve a la protagonista a sobrevivir en ese mundo absurdo al que le llevó su coche y en el que no ve más salida que camuflarse con la naturaleza, viva o muerta.