miércoles, 17 de octubre de 2012

María Blanchard, por fin

Este es el año en que reaparece María Blanchard (Santander 1881-París 1932). El Museo Reina Sofía presenta una gran antológica de la obra de la pintora cántabra. Un acontecimiento que tiene algo de rescate pictórico. Antes del verano la Fundación Botín ya había expuesto en Santander una selección de obras cubistas de la creadora. Reaparece por tanto esta pintora que trabajó en París de forma estrecha con Juan Gris (y a su misma altura, aunque algunas de sus obras se le hayan atribuido a Gris) o Diego Rivera. Marcada por su físico, poco acorde con su alto concepto de la belleza, su educación refinada y sus ansias de crearse una identidad propia como pintora, Blanchard se lanzó a vivir en París y compartir la bohemia y la precariedad con otros artistas de su generación. Pero siempre como una igual, como un miembro más de aquella especie de club o secta peculiar que fue el cubismo, entregada al lenguaje pictórico con una exigente pasión. A su muerte, su familia retiró parte de su obra (por eso sus estudiosos, como María José Salazar, han tenido que recatalagar cuadros con la firma borrada y atribuida a otros cubistas) y Blanchard cayó en el abismo del olvido. Relativo, porque era de ley que fuera recuperada. "Era jorobada y alzaba poco más de cuatro pies del suelo. Por encima de su cuerpo deforme había una hermosa cabeza", relataba Diego Rivera en sus memorias. "Sus manos, eran, también, las más bellas manos que yo jamás haya visto".

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