Cien años ya. Se conmemora el centenario de la muerte de Francisco Giner de los Ríos, fundador de la Institución Libre de Enseñanza. Giner de los Ríos y su estrecho colaborador Manuel B. Cossío fueron los primeros referentes intelectuales de María Moliner. Alumna de la Institución Libre de Enseñanza, la sede de la calle del Obelisco, en Madrid, Moliner pasaría poco tiempo por sus aulas, pero mantendría una relación cercana con Cossío, su principal mentor en sus años de juventud. En 1915, cuando falleció don Francisco, María Moliner y sus hermanos habían dejado Madrid para volver a Aragón, la tierra de su madre. Esta confiaba en que al estar cerca de los suyos y al disponer de una casa de verano, el Molino, podría paliar mejor que en Madrid las estrecheces en que les había dejado su marido al marcharse a Argentina. El recuerdo de la ILE era tan intenso que los hermanos Moliner se sintieron conmocionados cuando leyeron en la prensa que había muerte don Francisco. Y no tardaron en enviar una carta de pésame a sus antiguos profesores, tal como recojo en "El exilio interior: La vida de María Moliner" (Turner, 2011).
La carta, fechada en Zaragoza el 21 de febrero de 1915, escrita con la solemnidad con la que los niños y adolescentes que eran se refieren a los acontecimientos importantes, dice así:
"Estimados profesores: Ha venido a nuestro conocimiento la muerte de don Francisco, por cuya causa damos a Uds el pésame, y al hacerlo así nos lo damos a nosotros mismos y a España entera.
[...] El sentimiento que experimentamos es difícil de expresar, pues sin ser igual que el que se experimenta por la pérdida de un ser con el que nos unieran vínculos de parentesco, es sin embargo, por lo menos tan intenso como éste.
Reciban el afecto de sus discípulos.
Enrique Moliner
María Moliner
Matilde Moliner
Sus discípulos. Así se sentína. No en vano esos años de formación en la ILE fueron decisivos para la futura lexicógrafas y sus hermanos, especialmente para Matilde, la pequeña, que fue quien asistió con regularidad a las clases del olegio de la calle del Obelisco, hoy de Martínez Campos.
domingo, 22 de febrero de 2015
domingo, 1 de febrero de 2015
Lola González: el coraje y la dignidad frente a la sinrazón
Ha muerto Dolores González Ruiz, abogada y superviviente de la matanza de Atocha. Ha muerto de cáncer de pulmón, a los 68 años, después de haber estado a punto de morir muchas veces. Y no solo en el atentado de Atocha. Estuvo a punto de morir de depresión, de inanición, o de dolor -en el fondo, todo era lo mismo-, y, sin embargo, resistió, peleando por la vida por dignidad, aunque una parte de ella fuera muriendo año tras año de pena.
Su historia personal ha estado plagada de pérdidas cruciales, un tributo a la fatalidad y también a su compromiso antifranquista. Un compromiso político que adquirió en sus años de Derecho, en la década de los sesenta del siglo XX. Su novio, el también estudiante Enrique Ruano, murió en extrañas circunstancias en 1969: detenido por repartir propaganda ilegal (es decir por hacer oposición a la dictadura), incomunicado durante tres días y acorralado por la policía cuando le llevaba a registrar el piso de un amigo, trató de escapar por una ventana y perdió la vida. En ese momento, Dolores González estaba también detenida. El caso Ruano ha hecho correr ríos de tinta, y su muerte -escandalosamente impune- marcó la memoria de los universitarios madrileños de la época: muy pocos se creyeron la versión oficial de que se había suicidado, y en numerosos textos se habla, cuando menos, de muerte inducida. La pérdida de Enrique Ruano supuso el primer mazazo para Dolores González, Lola, como la conocían sus amigos. Fue también el primer eslabón que la llevó a la depresión. Años después, Dolores González se casó con Francisco Javier Sahuquillo, uno de los letrados asesinados en Atocha.Ella sobrevivió de sus heridas físicas, aunque le quedaron importantes secuelas que la llevaron varias veces al quirófano. Pero además de víctima de atentado, tendría que vivir con el dolor inmenso de saber que le habían vuelto a matar a su pareja.
Hace bastantes años, en 1987, quise entrevistarla para el periódico en que trabajaba. Lola no quería entrevistas, no quería revivir nada, porque su relato ante la periodista no le iba a reportar más que dolor y rabia. Supondría un nuevo despojamiento y rememorarlo no le iba a devolver a Enrique ni a Francisco Javier Sahuquillo. No quería entrevistas y solo mantuvo una breve conversación telefónica por cortesía. Vivía entre Madrid Santander, donde tenía vínculos familiares, y había aceptado vivir de forma plana, sin demasiadas metas personales y sin grandes planes. "A mí me han desbaratado mis planes personales sitemáticamente", confesó. Contó asimismo que una vez superadas las heridas causadas en el atentado, le sobrevino una nueva y devastadora depresión en los ochenta. No tenía ganas de vivir ni de alimentarse. Fue ingresada en el hospital y de nuevo luchó por sobrevivir. Decidió vivir por dignidad, caminando sin ganas por una historia, la suya, que merece la pena ser recordada. "Morirse no es tan fácil", reconoció durante nuestra quizás no tan breve conversación. Sobrevivió al atentado y al dolor, aunque en el fondo no los superara La fecha de esa muerte la marcó la enfermedad, una metáfora de tantas desdichas vividas.
Respetada y respetable Lola, adiós. Tu historia es demasiado terrible y grande para que pueda morir, pero tú mereces descansar en paz. Con honor, porque la democracia se hizo con gente como tú. Aunque evidentemente, la democracia no necesitaba tanto dolor, tu dolor y el de tantos.
Adjunto el enlace del artículo que escribí en EL PAÍS como consecuencia de la conversación que mantuve con Dolores González en los meses en que se presentaba como candidata al Parlamento Europeo por IU.
http://elpais.com/diario/1987/06/18/ultima/550965603_850215.html
Su historia personal ha estado plagada de pérdidas cruciales, un tributo a la fatalidad y también a su compromiso antifranquista. Un compromiso político que adquirió en sus años de Derecho, en la década de los sesenta del siglo XX. Su novio, el también estudiante Enrique Ruano, murió en extrañas circunstancias en 1969: detenido por repartir propaganda ilegal (es decir por hacer oposición a la dictadura), incomunicado durante tres días y acorralado por la policía cuando le llevaba a registrar el piso de un amigo, trató de escapar por una ventana y perdió la vida. En ese momento, Dolores González estaba también detenida. El caso Ruano ha hecho correr ríos de tinta, y su muerte -escandalosamente impune- marcó la memoria de los universitarios madrileños de la época: muy pocos se creyeron la versión oficial de que se había suicidado, y en numerosos textos se habla, cuando menos, de muerte inducida. La pérdida de Enrique Ruano supuso el primer mazazo para Dolores González, Lola, como la conocían sus amigos. Fue también el primer eslabón que la llevó a la depresión. Años después, Dolores González se casó con Francisco Javier Sahuquillo, uno de los letrados asesinados en Atocha.Ella sobrevivió de sus heridas físicas, aunque le quedaron importantes secuelas que la llevaron varias veces al quirófano. Pero además de víctima de atentado, tendría que vivir con el dolor inmenso de saber que le habían vuelto a matar a su pareja.
Hace bastantes años, en 1987, quise entrevistarla para el periódico en que trabajaba. Lola no quería entrevistas, no quería revivir nada, porque su relato ante la periodista no le iba a reportar más que dolor y rabia. Supondría un nuevo despojamiento y rememorarlo no le iba a devolver a Enrique ni a Francisco Javier Sahuquillo. No quería entrevistas y solo mantuvo una breve conversación telefónica por cortesía. Vivía entre Madrid Santander, donde tenía vínculos familiares, y había aceptado vivir de forma plana, sin demasiadas metas personales y sin grandes planes. "A mí me han desbaratado mis planes personales sitemáticamente", confesó. Contó asimismo que una vez superadas las heridas causadas en el atentado, le sobrevino una nueva y devastadora depresión en los ochenta. No tenía ganas de vivir ni de alimentarse. Fue ingresada en el hospital y de nuevo luchó por sobrevivir. Decidió vivir por dignidad, caminando sin ganas por una historia, la suya, que merece la pena ser recordada. "Morirse no es tan fácil", reconoció durante nuestra quizás no tan breve conversación. Sobrevivió al atentado y al dolor, aunque en el fondo no los superara La fecha de esa muerte la marcó la enfermedad, una metáfora de tantas desdichas vividas.
Respetada y respetable Lola, adiós. Tu historia es demasiado terrible y grande para que pueda morir, pero tú mereces descansar en paz. Con honor, porque la democracia se hizo con gente como tú. Aunque evidentemente, la democracia no necesitaba tanto dolor, tu dolor y el de tantos.
Adjunto el enlace del artículo que escribí en EL PAÍS como consecuencia de la conversación que mantuve con Dolores González en los meses en que se presentaba como candidata al Parlamento Europeo por IU.
http://elpais.com/diario/1987/06/18/ultima/550965603_850215.html
miércoles, 21 de enero de 2015
Constancia de la Mora y Andreu Nin
Constancia de la Mora Maura (Madrid, 1906-Guatemala, 1950) es un personaje admirado, casi una figura de culto, para lectores, historiadores y feministas que han hecho de su autobiografía, Doble esplendor (In place of Splendor, en su edición norteamericana de1939) un icono. (Incluso a sabiendas de que De la Mora necesitó la colaboración externa para finalizar y publicar sus memorias en Estados Unidos). Como jefa de la Oficina de Prensa Extranjera del gobierno republicano durante la Guerra Civil fue también una figura competente y respetada por parte de los corresponsales de guerra. Pero Constancia de la Mora es también un personaje controvertido, en parte por su personalidad dominante y avasalladora, pero sobre todo por las acusaciones de sectarismo que se han vertido sobre ella (y que le valió la enemistad de su antigua amiga, Zenobia Camprubí) como disciplinada comunista, hasta el punto de insinuarse que pudo formar parte de los servicios secretos soviéticos o colaborar con ellos. Esta supuesta participación como agente secreto, sin embargo, no ha sido demostrada, aunque a más de uno le tiente convertir a esta republicana de clase alta afiliada al PCE en espía soviética. Cuando investigué estos y otros aspectos de De la Mora para La roja y la falangista. Dos hermanas en la España del 36 (Planeta 2006), traté este tema con su primo, el escritor Jorge Semprún Maura (verdadera identidad, como es sabido, de Federico Sánchez), y él también descartó que su prima Connie de la Mora hubiera sido reclutada como agente. Ciertamente, cualidades no le faltaban: sabía varios idiomas, le gustaba viajar y tenía clase....Pero era demasiado ella misma para recibir órdenes, a pesar de su lealtad comunista, por lo que de haberle sido encomendada alguna misión por parte de sus jefes comunistas (lo que no está acreditado), se trataría de algo esporádico o circunstancial.
Pero a Constancia de la Mora se la involucra también indirectamente en el asesinato por parte de los servicios secretos soviéticos, dirigidos por el general Orlov, de Andreu Nin, lider del POUM, partido marxista de tendencia trostkista, al que Stalin ordenó liquidar. Es el asunto más turbio y grave con el que se la relaciona, y todo ello porque se ha publicado que Nin fue torturado hasta la muerte en un chalé de Alcalá de Henares que usaban de vez en cuando como segunda vivienda el general Hidalgo de Cisneros, marido de Constancia de la Mora, y ella misma. Lo que sucede es que, de momento, no existen pruebas que la involucren en este hecho execrable.
Es evidente que el secuestro y asesinato de Nin fue uno de los episodios más oscuros que empañaron la actuación del Gobierno republicano durante la Guerra Civil, aunque solo fuera por omisión: Un hecho que ejemplifica la división de la izquierda, el encono entre el PCE y el POUM y, como guinda envenenada, el insoportable peso soviético en una guerra a la que los agentes enviados habían venido a ayudar y no a manipular ni dirigir. Entra también dentro de lo posible que Constancia de la Mora, bien por sí misma, como responsable de la Oficina de Prensa extranjera o a través de su marido, militante comunista relevante, tuviera alguna información sobre este hecho truculento, o que recabara datos que pudo o no recibir, o que pudo o no difundir. Pero eso no la señala ni como cómplice ni como instigadora. Ni siquiera su probada obediencia al partido como reciente militante que era durante la Guerra Civil la hacen más responsable de los desmanes de Orlov que a otros miembros del PCE de la época, no menos estalinistas que ella.
Queda el tema del chalé de Alcalá de Henares. Pero ni siquiera se puede asegurar al cien por cien que el chalé utilizado como checa fuera el que usaba Hidalgo de Cisneros para pernoctar durante algunos periodos de la contienda. Cuando escribí La roja y la falangista, una fuente me aseguró que el chalé de Hidalgo no disponía de sótano ni reunía condiciones para checa, y que es más que probable que fuera otro chalé cercano el utilizado para ese siniestro fin. No obstante incluso aunque algún día se demostrara que Nin murió en el chalé que usaba el matrimonio Hidalgo de Cisneros, no por ello se podía inferir que Constancia de la Mora estaba relacionada personalmente con el caso. Se podrían hacer conjeturas y pensar que los Hidalgo habían accedido a compartir su chalé con los servicios secretos, voluntariamente o por disciplina (no olvidemos que no era una casa de su propiedad, sino una vivienda facilitada por el propio Gobierno a Hidalgo), pero eso no demostraría que De la Mora estaba personalmente detrás de ese asesinato o los que pudieran haber acaecido en Alcalá de Henares.
Lo que sí es plausible es que Constancia de la Mora, al igual que otras personalidades más o menos relevantes o cuadros intermedios del Gobierno republicano, tratara o mantuviera relaciones de amistad con representantes soviéticos o agentes enviados a la contienda que, con el tiempo, adquirirían un protagonismo excesivo y peligroso. Eso le permitía saber cosas que quizás no aprobara o que tal vez sí aceptaba por tratarse de procedimientos "habituales" en una guerra...Pero de ahí a que encubriera decididamente cualquier atrocidad o que ella, como directora de la Oficina de Prensa extranjera, tuviera capacidad de decidir algún ajuste de cuentas habiendo tantos enlaces, agentes, policías y espías sueltos, resulta delirante.
Pero a Constancia de la Mora se la involucra también indirectamente en el asesinato por parte de los servicios secretos soviéticos, dirigidos por el general Orlov, de Andreu Nin, lider del POUM, partido marxista de tendencia trostkista, al que Stalin ordenó liquidar. Es el asunto más turbio y grave con el que se la relaciona, y todo ello porque se ha publicado que Nin fue torturado hasta la muerte en un chalé de Alcalá de Henares que usaban de vez en cuando como segunda vivienda el general Hidalgo de Cisneros, marido de Constancia de la Mora, y ella misma. Lo que sucede es que, de momento, no existen pruebas que la involucren en este hecho execrable.
Es evidente que el secuestro y asesinato de Nin fue uno de los episodios más oscuros que empañaron la actuación del Gobierno republicano durante la Guerra Civil, aunque solo fuera por omisión: Un hecho que ejemplifica la división de la izquierda, el encono entre el PCE y el POUM y, como guinda envenenada, el insoportable peso soviético en una guerra a la que los agentes enviados habían venido a ayudar y no a manipular ni dirigir. Entra también dentro de lo posible que Constancia de la Mora, bien por sí misma, como responsable de la Oficina de Prensa extranjera o a través de su marido, militante comunista relevante, tuviera alguna información sobre este hecho truculento, o que recabara datos que pudo o no recibir, o que pudo o no difundir. Pero eso no la señala ni como cómplice ni como instigadora. Ni siquiera su probada obediencia al partido como reciente militante que era durante la Guerra Civil la hacen más responsable de los desmanes de Orlov que a otros miembros del PCE de la época, no menos estalinistas que ella.
Queda el tema del chalé de Alcalá de Henares. Pero ni siquiera se puede asegurar al cien por cien que el chalé utilizado como checa fuera el que usaba Hidalgo de Cisneros para pernoctar durante algunos periodos de la contienda. Cuando escribí La roja y la falangista, una fuente me aseguró que el chalé de Hidalgo no disponía de sótano ni reunía condiciones para checa, y que es más que probable que fuera otro chalé cercano el utilizado para ese siniestro fin. No obstante incluso aunque algún día se demostrara que Nin murió en el chalé que usaba el matrimonio Hidalgo de Cisneros, no por ello se podía inferir que Constancia de la Mora estaba relacionada personalmente con el caso. Se podrían hacer conjeturas y pensar que los Hidalgo habían accedido a compartir su chalé con los servicios secretos, voluntariamente o por disciplina (no olvidemos que no era una casa de su propiedad, sino una vivienda facilitada por el propio Gobierno a Hidalgo), pero eso no demostraría que De la Mora estaba personalmente detrás de ese asesinato o los que pudieran haber acaecido en Alcalá de Henares.
Lo que sí es plausible es que Constancia de la Mora, al igual que otras personalidades más o menos relevantes o cuadros intermedios del Gobierno republicano, tratara o mantuviera relaciones de amistad con representantes soviéticos o agentes enviados a la contienda que, con el tiempo, adquirirían un protagonismo excesivo y peligroso. Eso le permitía saber cosas que quizás no aprobara o que tal vez sí aceptaba por tratarse de procedimientos "habituales" en una guerra...Pero de ahí a que encubriera decididamente cualquier atrocidad o que ella, como directora de la Oficina de Prensa extranjera, tuviera capacidad de decidir algún ajuste de cuentas habiendo tantos enlaces, agentes, policías y espías sueltos, resulta delirante.
martes, 30 de diciembre de 2014
Un mundo deslumbrante: Siri Hustvedt y la creatividad
Estoy deseando leer la nueva novela de Siri Hustvedt, UN MUNDO DESLUMBRANTE. No solo porque me interesa esta autora desde hace tiempo sino porque me concierne lo que he leído hasta ahora de esta novela que alterna reflexiones sobre el arte y las mujeres, y la creatividad en general. Es sintomático que una autora que desarrolla su obra en un entorno social y hasta familiar ligado a la literatura, refleje las contradicciones que arrastra hoy la mujer que quiere vivir de la creación o dedicar su tiempo a una actividad creativa.
No hay que olvidar que mientras la mujer llega, alcanza, o es admitida (parece que describo una carrera deportiva) en los ambientes artísticos, tiene que seguir siendo quien es (e incluso quien no es) y responsabilizarse de lo que le viene dado no por decisión propia sino como carga atávica. Mientras se acerca a la vida que quiere tener -con los consiguientes obstáculos y la dificultad de ser aceptada en un mundo dominado hasta hace poco por hombres "excelsos"- sigue respondiendo a las tareas que tantas otras mujeres deben gestionar aún hoy a diario. Tareas que si no las hacen ellas, quedan sin hacer -y a menudo eso es lo que sucede-, a falta de candidatos que las compartan o las asuman.Ya no se trata solo de vivir del arte sino de emplear su tiempo en esa tarea solitaria y gratificante.
La artista o la escritora pocas veces se puede permitir el lujo de aislarse, de vivir para sí.
No hay que olvidar que mientras la mujer llega, alcanza, o es admitida (parece que describo una carrera deportiva) en los ambientes artísticos, tiene que seguir siendo quien es (e incluso quien no es) y responsabilizarse de lo que le viene dado no por decisión propia sino como carga atávica. Mientras se acerca a la vida que quiere tener -con los consiguientes obstáculos y la dificultad de ser aceptada en un mundo dominado hasta hace poco por hombres "excelsos"- sigue respondiendo a las tareas que tantas otras mujeres deben gestionar aún hoy a diario. Tareas que si no las hacen ellas, quedan sin hacer -y a menudo eso es lo que sucede-, a falta de candidatos que las compartan o las asuman.Ya no se trata solo de vivir del arte sino de emplear su tiempo en esa tarea solitaria y gratificante.
La artista o la escritora pocas veces se puede permitir el lujo de aislarse, de vivir para sí.
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martes, 23 de diciembre de 2014
María Moliner, Camilo José Cela y la Real Academia Española
Más que un no, lo que la Real Academia Española negó a María Moliner fue un sí. Fue candidata y no salió elegida. ¿Juego limpio? Técnicamente, sí. Pero en realidad, las alianzas previas iban encaminadas a que no saliera. Se ha contado y analizado en diversas publicaciones ya este hecho: los académicos prefirieron a Emilio Alarcos Llorach. Algunos votaron a otros candidatos. Muy pocos a Moliner. Lo narro en mi biografía de María Moliner (El exilio interior: La vida de María Moliner, Turner, 2011). Por qué no salió elegida:
1. Su Diccionario de Uso del español no fue lo bastante valorado por los académicos a pesar de que definía de nueva planta acepciones que en el DRAE quedaban obsoletas o que simplemente remitían a otros vocablos: "tonto", ver "bobo", etcétera. Es decir, Moliner hizo un trabajo que tenían que haber hecho los académicos y no había sido nominada para hacerlo. Para la RAE era una intrusa. Ni siquiera era filóloga de carrera, porque al estudiar Filosofía y Letras en la Universidad de Zaragoza, hizo la rama de Historia (la que había en su distrito).
2. Además era mujer. Y la tradición en la RAE era negar la entrada a la mujer. Así se lo dijeron a Gómez de Avellaneda y cuando Pardo Bazán, esa colosal escritora y polemista, les puso a prueba, por dos veces rechazaron su ingreso. En la segunda mitad del siglo XX algunos se sentían avergonzados y negaban que existiera veto, pero no tenían prisa por cambiar las cosas. La mayoría estaba muy a gusto repartiéndose los sillones entre ellos mismos, sus amigos y sus conocidos. Misoginia y endogamia.
3. A muchos académicos les gustaba más una Moliner recoleta, bibliotecaria, madre de familia ejemplar y modesta que mira usted por donde había elaborado un Diccionario como quien hace mermelada o calceta, un entretenimiento vamos. Les hacía gracia alguien así, pero no pensaban premiarla por ella. Allá ella. Su androcentrimo les impedía ver que Moliner era una estudiosa del idioma, universitaria, rigurosa y competente. Una señor que podía medirse con ellos perfectamente. Y ganarlos.
En El exilio interior explico detalladamente este proceso que ha aparecido posteriormente en otras obras. Tuve la suerte de encontrar en la correspondencia de Rafael Lapesa (el académico que presentó la candidatura de Moliner, junto con Laín Entralgo) y Camilo José Cela, un académico con influencias en esos años. Cela había dicho a Lapesa que no veía mal que entrara una mujer cuando procediera y que esta fuera Moliner. Pero a la hora de la verdad, cuando se produjo una vacante y Lapesa la avaló, Cela se descolgó y aclaró su posición: iba a votar a su amigo García Nieto, o en su defecto a Emilio Alarcos, pero no a Moliner. Y ¿por qué? Por su ñoña visión de la lexicografía. ¿Ñoña doña María? Se refería Cela a que Moliner no incluía tacos ni palabras malsonantes. Se había educado en la Institución Libre de Enseñanza y amaba el lenguaje culto, pulcro y exacto, mientras que Cela se había especializado en buscar acepciones malsonantes para su Diccionario secreto. Estaban en bandos estéticos distintos.
1. Su Diccionario de Uso del español no fue lo bastante valorado por los académicos a pesar de que definía de nueva planta acepciones que en el DRAE quedaban obsoletas o que simplemente remitían a otros vocablos: "tonto", ver "bobo", etcétera. Es decir, Moliner hizo un trabajo que tenían que haber hecho los académicos y no había sido nominada para hacerlo. Para la RAE era una intrusa. Ni siquiera era filóloga de carrera, porque al estudiar Filosofía y Letras en la Universidad de Zaragoza, hizo la rama de Historia (la que había en su distrito).
2. Además era mujer. Y la tradición en la RAE era negar la entrada a la mujer. Así se lo dijeron a Gómez de Avellaneda y cuando Pardo Bazán, esa colosal escritora y polemista, les puso a prueba, por dos veces rechazaron su ingreso. En la segunda mitad del siglo XX algunos se sentían avergonzados y negaban que existiera veto, pero no tenían prisa por cambiar las cosas. La mayoría estaba muy a gusto repartiéndose los sillones entre ellos mismos, sus amigos y sus conocidos. Misoginia y endogamia.
3. A muchos académicos les gustaba más una Moliner recoleta, bibliotecaria, madre de familia ejemplar y modesta que mira usted por donde había elaborado un Diccionario como quien hace mermelada o calceta, un entretenimiento vamos. Les hacía gracia alguien así, pero no pensaban premiarla por ella. Allá ella. Su androcentrimo les impedía ver que Moliner era una estudiosa del idioma, universitaria, rigurosa y competente. Una señor que podía medirse con ellos perfectamente. Y ganarlos.
En El exilio interior explico detalladamente este proceso que ha aparecido posteriormente en otras obras. Tuve la suerte de encontrar en la correspondencia de Rafael Lapesa (el académico que presentó la candidatura de Moliner, junto con Laín Entralgo) y Camilo José Cela, un académico con influencias en esos años. Cela había dicho a Lapesa que no veía mal que entrara una mujer cuando procediera y que esta fuera Moliner. Pero a la hora de la verdad, cuando se produjo una vacante y Lapesa la avaló, Cela se descolgó y aclaró su posición: iba a votar a su amigo García Nieto, o en su defecto a Emilio Alarcos, pero no a Moliner. Y ¿por qué? Por su ñoña visión de la lexicografía. ¿Ñoña doña María? Se refería Cela a que Moliner no incluía tacos ni palabras malsonantes. Se había educado en la Institución Libre de Enseñanza y amaba el lenguaje culto, pulcro y exacto, mientras que Cela se había especializado en buscar acepciones malsonantes para su Diccionario secreto. Estaban en bandos estéticos distintos.
lunes, 8 de diciembre de 2014
Modernas, republicanas y burguesas
Adjunto el enlace de la reseña de Las republicanas "burguesas" publicada en la revista digital Anatomía de la Historia.
http://anatomiadelahistoria.com/2014/12/las-republicanas-burguesas-de-inmaculada-de-la-fuente/
María Moliner y su hermana Matilde.
Isabel Oyarzábal
http://anatomiadelahistoria.com/2014/12/las-republicanas-burguesas-de-inmaculada-de-la-fuente/
María Moliner y su hermana Matilde.
Isabel Oyarzábal
viernes, 5 de diciembre de 2014
"Tertulia", de Ángeles Santos
"Mi alma será un rascacielos, con un enorme ascensor en el centro. Y sabré llenar ese edificio y hacerlo vivir, y yo seré mi mundo". Así pensaba Ángeles cuando era una pintora vanguardista, cuando el mundo y su mundo eran lo mismo y tenía a la intelectualidad modernista y a la generación del 27 expectante alrededor de su obra. Así lo recordó Ramón Gómez de la Serna en 1930 en La Gaceta Literaria en un texto que llevaba este título inquietante: ¨La genial pintora Ángeles Santos, incomunicada en un sanatorio".
¿Qué pasó para que quien iba a ser un rascacielos se quedara sin ganas de escalar? Al padre de la señorita bien que era Ángeles Santos, el exceso de creatividad mental y pictórica de su hija le preocupaba y decidió su ingreso temporal en una clínica para que se sosegara. El sosiego llegó de la mano de la renuncia. Ya no pintaría temas perturbadores y abandonaría los sueños enmarañados del surrealismo. Tampoco volvería a pintar un cuadro tan maravilloso, sugerente e intemporal como Tertulia, ahora en el Museo Nacional Reina Sofía. Y por si fuera poco, por si el pacto familiar que la empujaba a la serenidad, o mejor aún, a la quietud, no hubiera hecho suficiente efecto, vino después el desastre colectivo: el golpe del 36 y la Guerra Civil. Y en lo personal los años de separación de su marido, que permaneció en Francia mientras ella volvió a España cerca de su familia. ¿Qué fue de aquella pintura? Intervalos de silencio seguidos de pintura ornamental y acomodaticia. No pudo ser un rascacielos. O aquella idea se frustró o no recordó que lo había deseado alguna vez.
¿Qué pasó para que quien iba a ser un rascacielos se quedara sin ganas de escalar? Al padre de la señorita bien que era Ángeles Santos, el exceso de creatividad mental y pictórica de su hija le preocupaba y decidió su ingreso temporal en una clínica para que se sosegara. El sosiego llegó de la mano de la renuncia. Ya no pintaría temas perturbadores y abandonaría los sueños enmarañados del surrealismo. Tampoco volvería a pintar un cuadro tan maravilloso, sugerente e intemporal como Tertulia, ahora en el Museo Nacional Reina Sofía. Y por si fuera poco, por si el pacto familiar que la empujaba a la serenidad, o mejor aún, a la quietud, no hubiera hecho suficiente efecto, vino después el desastre colectivo: el golpe del 36 y la Guerra Civil. Y en lo personal los años de separación de su marido, que permaneció en Francia mientras ella volvió a España cerca de su familia. ¿Qué fue de aquella pintura? Intervalos de silencio seguidos de pintura ornamental y acomodaticia. No pudo ser un rascacielos. O aquella idea se frustró o no recordó que lo había deseado alguna vez.
Arriba "Tertulia". Sobre estas líneas, "Autorretrato"
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